| LA SEÑORA
DE TODOS LOS PUEBLOS |
 |
| Por
la proclamación del dogma de María como Corredentora,
abogada y mediadora |
Las
apariciones de la
Santísima Virgen María como "La Señora de
todos los Pueblos" se sucedieron en
Amsterdam entre los años 1945 - 1959 a través de la
vidente Ida Peerdeman, una
sencilla mujer holandesa.
Nuestra Señora se aparece a Ida de pie con los brazos y las
manos extendidos hacia abajo, de sus palmas salen tres rayos que Ella
denomina de "Gracia, Redención y
paz" para todas las naciones. Aparece vestida de
túnica blanca traslúcida hasta los pies, con un
paño amarillo alrededor de su cintura y otro igual sobre su
cabeza, mostrando sus ondulados y oscuros cabellos sobre los hombros. Sus pies se ven
descalzos posados sobre la esfera del mundo, que aparece rodeado de
corderos. A su espalda y a la
altura de su cabeza, la Cruz de su Hijo Jesucristo. Y entre una gran
luminosidad, formando un arco de
un extremo a otro de la Cruz, se leen en holandés las palabras
"La Señora de todos los Pueblos"
La Señora y Madre de todos los Pueblos da mensajes de vital
importancia para la humanidad, cargados con advertencias y
exhortaciones. Al mismo tiempo nos habla de esperanza
y nos ofrece la promesa de la salvación.
Tras 50 años de
investigación exhaustiva, el 31 de mayo
del año 2002, las apariciones de "La Señora de todos los
Pueblos" recibieron la aprobación
eclesiástica oficial y el
reconocimiento de su origen sobrenatural, por el
obispo de la diócesis local de Haarlem en Holanda.
Índice
31 de Mayo de 2002
Obispo local de Haarlem
Provincia de Holanda del Norte
Países Bajos
Como ya se
sabe, mi predecesor, Monseñor. Henricus (Enrique) Bomers
y yo,
dimos la aprobación a esta devoción popular en
1996. He constatado que esta devoción ha llegado a ocupar
un lugar en la vida espiritual de millones de personas en todo el mundo
y que a la vez cuenta con el apoyo de muchos obispos. De igual manera
se me informa de numerosas conversiones y reconciliaciones, así
como también sanaciones y protección especial.
En pleno reconocimiento de la responsabilidad de la Santa Sede, es el
deber del Obispo local ser el primero en pronunciarse en cuanto a la
autenticidad de revelaciones privadas que se den o se hayan dado dentro
de su diócesis.
Con este fin he
consultado algunos teólogos y psicólogos en
relación a los resultados de investigaciones y a las preguntas y
objeciones que suscitaban. Sus consejos apuntan a que no
existen
impedimentos fundamentales de carácter teológico o
psicológico para declarar el origen sobrenatural de las
apariciones. Además, he pedido el consejo de varios colegas
obispos, en cuyas diócesis existe una fuerte devoción a
María como Señora y Madre de todos los Pueblos, en cuanto
a los frutos y el desarrollo de la misma.
Observando
así todos éstos consejos, testimonios y acontecimientos,
y bajo
profunda oración y reflexión teológica, he llegado
a la conclusión de que las
apariciones de Amsterdam son de origen sobrenatural. El
reconocimiento se refiere a las apariciones de María como
“Señora de todos los Pueblos” en los años 1945-1959.
Tuvieron lugar en presencia de terceras personas y fueron
inmediatamente anotadas.
A
diferencia de la
Sagrada Escritura, las revelaciones privadas no comprometen la
conciencia del creyente. Estas deben ser consideradas como una ayuda
para interpretar los signos de los tiempos y vivir con mayor actualidad
el evangelio (según Lc. 12:56; Catecismo de la Iglesia
Católica, nº 67). Y es que los signos de nuestro tiempo son
dramáticos. Francamente estoy convencido de que la
devoción a La Señora de todos los Pueblos puede ayudarnos
a encontrar el buen camino en medio de la dramática
situación de nuestro tiempo; el buen camino hacia una nueva y
especial venida del Espíritu Santo, que es el único que
puede sanar las grandes heridas de nuestro tiempo.
Para
observar el
desarrollo de esta devoción y para llegar a entender claramente
su significado, he nombrado una comisión asistente, cuya
función será la de documentar y estudiar todas las
iniciativas, experiencias y testimonios, al igual que promover el
correcto desarrollo eclesiástico y teológico en torno a
esta devoción.
Espero de este modo
haberles proporcionado suficiente información y claridad.
José
María Punt
Obispo de Haarlem
MENSAJE 1
25 de marzo de 1945
(Fiesta de la Anunciación a María,
Domingo de Ramos)
Era el 25 de marzo de 1945, fiesta de la
Anunciación. Mis hermanas y yo estábamos sentadas
alrededor de la estufa de la
calefacción, conversando. Era tiempo de guerra y fue un invierno
de hambre. El
Padre Frehe se encontraba ese día en la ciudad y vino a
visitarnos. (El Padre J.
Frehe, O.P., fue el director espiritual y
confesor de Ida por 50 años, entre 1917 y 1967.)
Estábamos
muy entretenidos hablando, cuando de repente me sentí
atraída
hacia la habitación de al lado y de pronto vi salir una luz. Yo
me levanté y
fui hacia allí. La pared desapareció ante mis ojos y todo
lo que allí estaba
había desaparecido. Era todo un mar de luz y un vacío
profundo. Y de esa
profundidad vi surgir de pronto una figura viviente, una silueta
femenina. La
vi a mi izquierda, sobre mí, vestida con un traje largo y blanco
y con un
cinturón; realmente femenina. Estaba
con los brazos extendidos hacia abajo y con las palmas de las manos
abiertas. Mientras la contemplaba, tuve una sensación
extraordinaria. Pensé: "Tiene que ser la Santísima
Virgen, no cabe duda".
Entonces, la figura empieza a hablarme y me dice: "Repite lo que
digo". Ella habla muy
despacio y yo empiezo a repetir palabra por palabra. Ella levanta
primero tres dedos, luego cuatro y después cinco,
mientras me
dice: "Ese 3, es marzo. El 4,
es abril. Y el 5, es el 5 de mayo". (5 de mayo
de 1945: Anunciación de la liberación de Holanda de la
ocupación alemana.)
Entonces Ella muestra el rosario y dice: "Es gracias a esto.
¡Perseverad!" Se detiene un instante y dice: "Hay que
difundir la oración". Después veo a mi alrededor
muchos soldados, son aliados, y La Señora los
señala. Entonces toma la crucecita del rosario y señala
el crucifijo. Indica de
nuevo a los soldados. Yo comprendo que ese debería ser el
apoyo de la vida de
los soldados, porque la voz dice: "Ahora éstos
se
irán pronto a casa". Y señala a las tropas.
Mis hermanas y el Padre Frehe se
acercaron a mi lado, de pie. Oyendo
él que yo hablaba, dijo a una de
mis hermanas: "Escribe lo que dice." Después de
haber dicho un par de
oraciones, le oí decir: "Oye, pregúntale
quién es." Y entonces yo pregunto: "¿Es usted
María?" La figura me sonríe
y responde: "Me
llamarán La Señora, Madre".
Esa imagen desaparece ante mis ojos y
después me miro la mano.
Entonces colocan
una cruz delante de mí, y yo tengo que levantarla. Yo la levanto
lentamente y
es muy pesada. Después que la
figura dijo todo, se fue lentamente. A continuación
desapareció también la luz
y a mi alrededor en la habitación vi todo como siempre.
MENSAJE 2
21 de abril de 1945
De repente me veo llevada a
una iglesia. Entonces me digo: "Estoy
frente a un
altar especial y veo la imagen de La Señora." Es una
imagen de La Señora, como
la vi la primera vez. Se
encuentra rodeada de flores. Hasta en los peldaños del altar veo
una enorme
cantidad de flores. Miles de personas están arrodilladas ante el
altar.
La imagen me mira y amonesta con el dedo. Tres veces dice: "Vosotros,
hombres, conservaréis la paz si creeis en Él. Difunde
esto".
Diciendo así, La Señora me pone un
crucifijo en la mano y
señala el crucifijo,
que tengo que mostrar a mi alrededor.
Después me lleva como afuera de la iglesia, y
allí,
frente a mí, veo un vacío
infinito. Pero mientras miro el vacío, veo en él cabezas
humanas. Entonces es
como si tuviera que sacar de acá y de allá alguna que
otra, y la imagen me
dice: "Son personajes
que otra vez están planeando algo".
Entonces veo una escena de gentes que huyen y se alejan, y en mi
interior
percibo: "Esto es el éxodo de los hebreos de Egipto". Mientras
La Señora indica
el éxodo, dice: "Pero
Israel
resurgirá". Sobre la escena del éxodo, veo en las
nubes una figura de Dios
Padre. Se cubre
los ojos con las manos y La Señora me dice: "Y Yahvé se
avergüenza de su pueblo".
Después veo muy
claramente la escena de Caín y Abel. Y
allí hay realmente una gran
mandíbula de asno.
Veo a Caín huir. A continuación, veo a alguien con una
túnica larga, con
barba, y en sus manos
dos tablas de piedra. Las
tablas están escritas en un idioma que no conozco. Entonces las
dos tablas se
hacen añicos. Veo los pedazos
tirados en la arena.
Después, soy puesta
de nuevo ante el altar y veo como una
procesión que pasa
afuera de la iglesia. La Señora me la indica y dice: "Esa
es la
procesión del
Milagro de Amsterdam".
Veo pasar la procesión por el centro antiguo de la ciudad. Hay
también un
sacerdote que camina delante con Nuestro Señor. Entonces veo que
la procesión
se dirige de repente hacia esta parte (el sur de Amsterdam), hacia una
explanada.
Después todo desaparece.
MENSAJE 3
29 de julio de 1945
Oigo otra vez esa voz y veo
de repente un altar para sacrificios
antiguo. El
humo desciende. Oigo esa voz que dice: "Yahvé
advierte
a su pueblo." Entonces oigo: "Sed fieles. Han
dispersado a mis ovejas". Al oír estas últimas
palabras, veo ovejas que se separan
y que se van por todo
el mundo.
La Señora planta ahora una Cruz sobre el altar de los
sacrificios y entonces
veo como si el mundo entero estuviera allí alrededor. Sin
embargo, todos están cabizbajos y
apartados de
la Cruz. Entonces oigo: "Venid,
fieles". Y veo que se pasa un cáliz entre la multitud. "Pero
para una parte es inútil" oigo decir.
Tengo que mirar hacia arriba y de repente
veo a La Señora de
pie, que sonríe,
extiende los brazos y dice: "Ven".
Ante mí se
encuentra una
multitud de toda clase de hombres: señores, hombres fuertes;
también sacerdotes
y religiosos, vestidos de negro. Hay entre ellos gente buena y menos
buena. La Señora los invita a
ir con Ella. Ahora
veo un camino largo y difícil ante a mí y al final una
luz resplandeciente. "Eso es"
dice La Señora y con
un gran gesto indica a los hombres que
tienen que ir por
dicho camino. Es difícil y
fatigoso; algunos caen por los dos lados. La Señora los mira con
materna solicitud y les
sonríe siempre. Entonces veo escrito ante a mí: "Volver a
la vida con Cristo".
Después de esto La Señora mira triste y dice: "Inglaterra
me
volverá a encontrar". Hace una pausa y entonces dice bajo
y lentamente: "También
América". Entonces La Señora se va lentamente y veo
una niebla
extraña que se extendiende
sobre el mundo.
MENSAJE 4
29 de agosto de 1945
Veo a La Señora de pie. Me indica que tengo que mirarme
la mano.
Veo como si de
ella salieran cosas extrañas. Veo una gran tristeza; me la ponen
en la mano y
tengo que mirarla. Cuando miro mi mano, siento que me sobreviene una
gran
tristeza. La Señora sonríe y dice: "Pero
después
vendrá la alegría". En ese momento puedo sentir
también la alegría. Veo
rayos, rayos luminosos.
Después veo grandes
edificios, iglesias. Aparecen toda clase de
iglesias, no
sólo católicas. La Señora dice: "Tiene que
formarse una sola Comunidad". Al oir estas palabras siento
unos terribles dolores en mi mano. Estas iglesias serán azotadas
por tormentas.
La Señora muestra ahora
tres Papas. A la izquierda, en lo alto,
está el Papa Pío
X. En medio está nuestro Papa,
Pío XII, y a la derecha veo un nuevo Papa.
(Cuando en
1963 el cardenal Montini fue elegido Papa
(Pablo VI) y la vidente lo vió en la televisión, lo
reconoció
inmediatamente como el tercer Papa de la
visión.)
La Señora señala los tres
Papas y dice: "Estos tres son
una época. Este Papa y el nuevo
(Pablo VI) son los
luchadores".
Entonces La Señora señala una nueva guerra, pero
extraña, para mucho más tarde,
que ocasionará terribles desastres.
(Ida
reconoció en 1991 la guerra del Golfo y los misiles, que
entonces no se conocían, por ello dice "guerra,
pero extraña".)
Ahora veo pasar filas de jóvenes
eclesiásticos. La
Señora dice: "Sin embargo,
hay mucho que cambiar en la Iglesia. La formación de los
eclesiásticos tendrá
que ser modificada; más moderna, una formación que sirva
para este tiempo, pero
buena, con el buen espíritu". La Señora dice esto
último con fuerza. Veo de repente una paloma que
vuela alrededor de mi mano. La agarran,
pero ella
sigue volando alrededor. La paloma emana nuevos rayos. Entonces La
Señora señala al Papa y dice: "Hay que dar
mayor espacio, más espacio social. Diversas tendencias se
inclinan hacia el
socialismo, lo cual está bien, pero eso puede hacerse
bajo la dirección de la
Iglesia".
La Señora pone un rostro afligido y dice: "Hay
muchísimo
que cambiar en la formación". Veo enormes corrientes
contrarias; muchas oposiciones en contra de eso en la Iglesia. Y
entonces La Señora se va de repente.
MENSAJE 5
7 de octubre de 1945
(Fiesta de
Nuestra Señora del
Rosario)
Veo un sol y una media
luna, y percibo en mi interior: Eso es el
Extremo
Oriente. En China veo una bandera roja. (Cuatro
años más tarde, en 1949, después de una terrible
guerra civil, se declaró la República Popular de China
Comunista y su nueva bandera.) Después veo musulmanes y otros
pueblos,
veo por un lado rojo y por el otro negro, pero este último mucho
menos. Oigo
esa voz que dice: "Es como si
se
encogiera".
Entonces veo un camino largo y hermoso. Tengo que ir por ese camino,
pero siento
como si no tuviera ganas. Yo represento a la humanidad. Entonces voy
por ese camino. Estoy tan cansada, pero de todas formas he de
proseguir, aunque sea muy despacio. Estoy al final del camino y me
encuentro
ante un castillo grande, con torres. La puerta se abre de adentro hacia
afuera.
Una mano me invita a entrar, pero yo no quiero. Es como si quisiera
echarme
atrás; pero de todas formas entro. Alguien me toma de la mano y
veo a la Dama
de blanco, a La Señora. Me sonríe y me dice: "Ven".
Siento dolor en mi mano y casi no lo soporto, pero La Señora me
la tiene fuerte
y proseguimos juntas.
Llego a un jardín hermoso, magnífico, muy diferente de
los que se ven aquí en
la tierra. La Señora me lleva a un sitio y dice:
"Ésta es la
Justicia;
ellos tienen que buscarla allá afuera y volver a encontrarla,
porque si no el
mundo se perderá de nuevo".
Mientras La Señora dice eso, indica hacia afuera. Es como si yo
pudiera sentir
la Justicia. ¡La mano me duele tanto! no lo soporto, pero La
Señora sonríe y
seguimos.
Vamos a otra parte del jardín. La Señora dice, mientras
mueve el dedo como
advirtiendo: "Esta es
la
Verdad. Escucha bien. También la Verdad está aquí
dentro, pero no ahí afuera,
en absoluto" dice de nuevo. También la Verdad llega a
mí como una sensación.
Quiero soltarme de su mano y
digo: "¡Es tan pesada!".
Pero entonces La Señora me señala algo y es como si yo,
volando como un pájaro,
me encontrara sobre algo. Levanto dos dedos y veo de pronto a nuestro
Papa y
allá abajo el Vaticano. Después veo toda la Iglesia de
Roma. Sobre el Vaticano, en el
aire, veo escrito
con letras grandes y claras: “Encíclicas”.
"¡Ése
es el buen
camino!" me dice La Señora con fuerza. "Pero no son
puestas en práctica" añade tristemente. Veo de
nuevo el Vaticano y toda la Iglesia Católica a su
alrededor. La Señora
me mira y se lleva un dedo a los labios, diciéndome: "Esto es
como un
secreto entre tú y yo" y de nuevo se pone el dedo sobre
los labios y dice en voz muy baja: "No siempre
ahí
tampoco..." Me sonríe de nuevo, me mira como
dándome ánimo y
luego dice: "Pero puede
arreglarse".
Y entonces veo otras iglesias de diferentes confesiones. La
Señora levanta el dedo advirtiendo y
dice,
mientras me muestra otra vez toda la Iglesia Católica: "Sin duda
la
Iglesia Católica puede crecer, pero…" Entonces se detiene
y veo
pasar ante mí filas enteras de clérigos, de estudiantes,
de monjas, etc. La Señora mueve
otra vez la cabeza y dice
con énfasis: "Es muy
triste,
pero todo eso no sirve para nada". Y otra vez dice: "Todo eso no
sirve para nada". Ella mira seriamente a su alrededor e indica a
los estudiantes,
sacerdotes y
religiosos, diciendo con tono firme: "Una mejor
formación, conforme a los tiempos, más moderna,
más social".
Entonces veo volar sobre nuestra Iglesia una paloma negra. Yo digo: "No
blanca,
sino negra" La Señora
señala
la paloma y dice:
"Ese es el
viejo
espíritu, que tiene que desaparecer". Veo de repente que
esa paloma
se transforma en una paloma blanca. La Señora dice: "Esta es una
nueva Paloma, blanca. Ella envía sus rayos por todas partes,
porque el mundo se
está tambaleando; un par de años más y el mundo se
destruiría, pero Él vendrá y
restaurará el mundo. Sin embargo…" La Señora se
detiene un instante "...tienen
que
escuchar". La Señora acentúa la palabra “tienen”,
como si advirtiera
de nuevo. Luego dice: "Los
hombres
quieren salir de aquí, no quieren estar en este lugar, ya no les
interesa".
Entonces me lleva de nuevo y seguimos hasta el fondo del jardín,
hasta que
llegamos ante una gran Cruz. "Tómala.
Él la
llevó antes que tú" dice La Señora. Yo
rehúso y siento como si todos los hombres de todo el mundo
hicieran lo mismo
y volvieran la espalda a la Cruz. Me tira de la mano y veo que La
Señora está
de nuevo delante de mí, con su mano en la mía, y me dice
otra vez:
"Ven".
Y ahora veo una Figura resplandeciente, luminosa, con un vestido largo,
que va
caminando delante de nosotros. Es la figura de un hombre, pero todo
espiritualizado. Lleva una cruz grandísima, como
arrastrándola por tierra. No
veo su rostro; es todo un rayo de luz. Va por el mundo con la Cruz,
pero nadie
Lo sigue. "Está
solo" me dice La Señora. "Va solo por el
mundo y todo seguirá de mal en peor hasta que en un cierto
momento suceda algo
grave y de repente la Cruz quede plantada en medio del mundo. Ahora
sí que
tienen que mirar, quieran o no".
Entonces veo muchas imágenes extrañas. Veo caer cruces
gamadas (cruces nazis)
bajo la Cruz, las veo caer. Después veo estrellas; todas caen;
hoces y
martillos: todo cae bajo la Cruz. Veo rojo; lo rojo no desaparece del
todo. La Señora dice: "Todos
miran
hacia arriba. Ahora, de repente, sí que quieren, pero a costa
de… Estaba todo
negro sobre el globo, pero ahora todo está iluminado. Ya ves que
nada tiene
importancia".
La mano se me vuelve más ligera.
Después veo de nuevo a La Señora de pie, con el rosario,
y dice: "Seguid rezando;
¡todo el mundo!". Ella señala la Cruz y dice: "Todo el
mundo
tendrá que volver a ella, desde el más grande al
más pequeño, tanto el pobre
como el rico; pero costará mucho".
Ahora veo el globo terrestre ante mí, y La Señora,
poniendo un pie sobre él,
dice: "Yo pongo el pie
sobre el mundo. Yo los ayudaré y los conduciré hasta la
meta, pero tienen que
escuchar". Entonces todo desaparece ante mis ojos.
MENSAJE 6
3 de enero de 1946
Oigo aquella voz decir: "Inglaterra,
¡cuidado!" Entonces veo Inglaterra y en Inglaterra una
iglesia grande. Percibo en
mi interior: Abadía de
Westminster. Luego veo un obispo; no es
de nuestra Iglesia.
Percibo en mi interior: ése
es un obispo de Inglaterra."Lucha". Me
siento tan
extraña, y es como si todo mi interior cambiara, no sé
explicar cómo.
Miro de pronto hacia arriba, a mi
izquierda y veo otra vez a La Señora de pie.
Está toda vestida de blanco y está un poco en alto. Me
señala algo. Yo miro, y
veo Inglaterra otra vez ante mí. La Señora me dice:
"Habrá una
lucha
en toda Europa y afuera también". Un sentimiento pesado y
paralizador y un gran cansancio espiritual se
apoderan
de mí. La Señora dice: "Es una grave
lucha espiritual".
Entonces La Señora me dice: "Ven" y señala mi
mano. Es como si en ella me pusieran una cruz. Ahora La Señora
indica lo que tengo que hacer. Yo paso alrededor
de la tierra
con la cruz en la mano y tengo que mostrarla. Entonces La Señora
me dice: "Sí, mira
esa Cruz". Lo hago, y mientras la miro, la cruz desaparece de mi
mano y cierro el
puño.
También esto he de mirarlo. Entonces dice La Señora:
"Ahora mira
otra
vez la Cruz". Y la cruz está de nuevo en mi mano. La
Señora amonesta
con el dedo y dice: "Quieren
transformar esa Cruz en otras cruces".
Ahora veo diferentes cosas dando vueltas ante mis ojos; comunismo y una
especie
de corriente nueva que vendrá, una combinación de
símbolos nazis y de
comunismo.
La Señora dice: "Después veo otra vez
ese obispo, que tiene que ver con Inglaterra. La Señora me la
señala, y
entonces veo sobre la cabeza de ese obispo la palabra Los cristianos
se cansarán de luchar". Ella acentúa la palabra
"cansarán", y yo siento un
cansancio espiritual que se
apodera de mí. La Señora señala algo delante de
mí y veo un
arenal, un desierto. Allí colocan
un púlpito. Luego desaparece el púlpito y vuelvo a ver
rápidamente el desierto
ante a mí. Oigo una voz que grita algo en un idioma
extraño, antiguo. Esta
escena se repite un par de veces rápidamente ante mis ojos.
Después La Señora señala algo y veo el Vaticano.
Es como si diera vueltas en
medio del mundo. En el Vaticano veo el Papa con la cabeza levantada y
dos dedos
en alto. El Papa mira seriamente adelante y yo me doy tres golpes de
pecho.
Después veo de pronto a alguien a caballo y con armadura. Cuando
pregunto quién
es, me responden: "Juana de
Arco". Detrás de ella veo de repente surgir una gran
catedral. Yo
pregunto qué iglesia
es y oigo dentro de mí: "Esa es la
Catedral de Reims". Veo entonces venir un cortejo que va hacia
la iglesia. Es un cortejo de
tiempos
antiguos, con alguien a caballo que lleva un escudo y una espada; a su
alrededor hay muchos escuderos. Yo oigo: "Borbón". Siento
entonces: Eso es para más
tarde.
Después tengo que
mirarme las manos y yo represento a la
humanidad. "Están
vacías", le digo a La Señora. Ella mira y entonces
tengo que juntarlas,
levantando los ojos hacia Ella. La Señora me sonríe; es
como si bajara un
peldaño, y dice: "Ven".
Luego es como si fuera con Ella por el mundo. Después siento un
enorme
cansancio y le digo a La Señora: "Estoy tan cansada, tan
desesperadamente
cansada". Siento el cansancio en todo el cuerpo. Pero La Señora
me lleva aún
más lejos. Entonces miro hacia delante y veo ante mí con
letras grandes la
palabra
"Verdad". La leo en
voz alta y proseguimos. La Señora menea la
cabeza. Mira muy seria y triste y me
dice: "¿Ves
tú la
caridad?"
Me miro de nuevo las manos y digo: "Estas manos están
vacías". La Señora
me toma otra vez de la mano y
seguimos adelante.
Mientras veo ante mí un enorme vacío, oigo que La
Señora pregunta: "Justicia,
igualdad, ¿dónde está todo eso?"
Entonces veo otra vez la Cruz en el centro del mundo, y La
Señora la señala. Yo
tengo que llevarla, pero vuelvo la cabeza. Parece como si yo
representase a la
humanidad y rechazara la Cruz. "¡No!" dice La Señora. "Hay
que
levantarla y ponerla en el centro. Habrá una categoría de
hombres que lucharán,
que lucharán por ella, y yo los llevaré a ella".
Mientras Ella dice esto, siento un horrible dolor en todo el
cuerpo, hasta
gemir. "Ay, cuanto duele", le digo a La Señora. Después
oigo una voz gritar muy fuerte: "¡Jericó!", y La
Señora vuelve a estar en pie en su lugar, en lo alto. Ella
mira hacia
abajo, me mira y dice: "Ha de
ser
anunciado lo que te he dicho, de lo contrario no habrá
paz".
Veo entonces al Papa ante mí, rodeado de un grupo grande de
eclesiásticos y
otros señores. "Parece que están en una conferencia",
digo yo. Hablan con
vehemencia, a veces parece como si estuvieran enojados. La
Señora dice: "Esa es
la lucha
espiritual, que se extiende por el mundo. Es más grave
que la otra y el mundo es minado".
Entonces voy como por encima de la tierra y es como si excavara el
suelo.
Parece como si me fuera enterrando cada vez más bajo tierra y
que fuera por
toda clase de pasadizos. Después todo se detiene de repente y
oigo de pronto: "Aquí
estoy". Entonces oigo una voz que dice: "Ego sum"
(En
latín: “Yo Soy”),
y digo en voz baja: "Y el mundo es pequeño". Entonces La
Señora dice,
mientras señala con el dedo: "Ve y
difúndelo". Y de repente todo desaparece.
MENSAJE 7
7 de febrero de 1946
De repente veo a La Señora de pie. Amonesta con el dedo y dice:
"Observa Europa
y advierte a los pueblos de Europa". La Señora mira muy
seria y
dice: "Ora et
labora"
(En
latín: "Reza y trabaja")
Y de nuevo amonesta con el dedo. Entonces La Señora me
enseña un lobo que va y
viene ante mí. Este animal desaparece de pronto. Entonces Ella
me muestra una
cabeza de oveja y alrededor de ella unos cuernos entrelazados entre
sí.
Entonces dice La Señora otra vez: "Europa tiene
que tener cuidado; advierte a los pueblos de Europa".
Después Ella me muestra Roma. Veo muy claro el Vaticano, que da
vueltas. Es
como si La Señora me hiciera una señal con el dedo y
dice: "Ven,
obsérvalo
bien". Entonces alza tres dedos y a continuación toda la
mano, los
cinco dedos. Eso lo
repite un par de veces delante de mí. "Mira bien y
escucha", dice Ella. "Oriente
contra
occidente". Entonces oigo decir a La Señora otra vez:
"¡Cuidado,
Europa!".
Ahora veo de pronto a Inglaterra delante de mí. La Señora
da como un paso hacia
abajo, como si pusiera el pie sobre Inglaterra. Miro bien, y veo que La
Señora cruza los brazos y
advierte de nuevo. Le oigo
decir: "Ay de ti,
Inglaterra". La Señora me hace una seña otra vez
para que mire bien.
En seguida veo Roma
otra vez ante mí y veo al Papa sentado. El Papa tiene en la mano
un libro
abierto, que me muestra. No logro ver qué libro es. Entonces el
Papa lo hojea por
todas partes. Oigo decir a La Señora: "Pero ahí
hay
mucho que cambiar", e indica donde se encuentra el Papa. Mira
muy seria y sacude la cabeza.
Otra
vez La Señora levanta tres dedos y luego cinco. De pronto me
siento confunsa y oigo que La Señora dice: "Otra vez
vendrán nuevas calamidades sobre el mundo".
Veo una planicie frente a mí;
allí es depositado un
enorme huevo. Y mientras yo
miro, veo un avestruz que huye velozmente.
Después veo muchos niños
negros delante de mí. Entonces veo de nuevo una advertencia y
veo niños
blancos. Se me muestra una representación en que Nuestro
Señor está con los
niños a su alrededor. Es una
Figura luminosa la que veo. Oigo: "Dejad que los
pequeños vengan a Mí". Y veo que está
escrito:
"A los niños
hay que educarlos en
la doctrina
cristiana".
Luego veo delante de mí un
fragmento de un mapa. Oigo: "Judá" y veo escrito:
"Jerusalén".
Entonces veo de
repente dos
líneas con una flecha
en los extremos. En un extremo está escrito:
"Rusia" y
en el
otro:
"América".
Entonces es como si yo con La Señora estuviéramos paradas
sobre el globo de la tierra.
La Señora me señala
algo y veo claramente la luna frente a mí. Algo llega
allá volando; lo veo
llegar a la luna.
Yo digo: "Ahí llega algo a la luna".
(Ida reconoció
esta imagen, cuando en 1969 vio por
televisión la llegada del hombre a la luna.) Es como si yo
flotara en
el espacio. Todo es
extraño a mi alrededor y digo: "Una especie de
fenómeno natural".
Entonces oigo decir a La Señora: "Pueblos de
Europa, reuníos. Esto aquí no anda bien".
En medio de Europa veo Alemania y es como si ese país quisiera
salir de ahí. Entonces veo otra vez Inglaterra y ahora tengo que
sostener con las dos
manos
fuertemente la corona. Es como si la corona oscilara y yo tuviera que
tenerla
firme sobre Inglaterra. Oigo: "Inglaterra,
sé
consciente de tu misión. Inglaterra, tendrás que regresar
al Altísimo, The
Highest". Y ahora La Señora se va de repente.
MENSAJE 8
25 de febrero de 1946
Veo una luz brillante y en lo alto veo a La Señora. Ella indica
hacia abajo y
veo Europa ante mí. La Señora mueve la cabeza. A sus pies
veo pequeños angelitos que se
cubren la
cara con las alas. Hay una
gran luz que rodea a La Señora. Cuanto más miro la
tierra, más oscura se pone; La Señora me la indica.
De nuevo levanto los ojos hacia Ella. Me indica la tierra con rostro
severo y
ahí, en la oscuridad, veo escrito:
"Verdad". Veo otra
vez los
angelitos a los
pies de La Señora, que de nuevo se cubren el rostro con las
alas. La Señora me
dice: "Tienes que
advertirles.
La Verdad se ha perdido". Me pregunto: ¿Cómo puedo
yo hacerlo? La Señora
señala hacia abajo y dice: "Ve y
difúndelo" y con el dedo indica el mundo. Allí veo
muchos
eclesiásticos y muchas iglesias,
pero no claramente.
Otra vez La Señora señala el mundo y dice: "Busca a ver
si
puedes encontrarlo a Él". Yo busco y busco, y le digo a
Ella: "Me canso y siento un grande
dolor". De
repente veo salir de Ella una Cruz grande y larga. Es como si alguien
la
arrastrara, pero no logro ver Quien es la Persona, sólo la Cruz.
La Cruz va
bajando por un largo camino a la tierra y de pronto la veo levantada en
el
centro del mundo. Miro otra vez a La Señora y veo una larga fila
de personas que
caminan; parecen
peregrinos.
La Señora me dice: "¡Mira!",
y traza sobre el mundo un semicírculo, un arco. Parece que Ella
escribe algo
ahí, y leo en voz alta la palabra "Verdad", puesta en el centro.
Luego escribe
una palabra a la izquierda, y leo "Fe";
después a la derecha y
leo "Amor". La
Señora señala estoy dice: "Ve y
difúndelo". Entonces señala de nuevo el arco y
dice: "Eso tiene
que
volver. Aparentemente hay, pero en realidad no lo hay". Y mira
muy afligida.
Después tengo que decir: "Calamidad tras calamidad,
calamidades naturales".
Entonces veo escrita las palabras "Hambre"
y "Caos Político". La
Señora dice: "Ésto
no es
sólo
para tu país, sino para todo el mundo". Me da entonces un
dolor
tremendo y digo: "Ése es otro período de
opresión y de dolor que vendrá sobre
el mundo". Entonces veo la
palabra "Desesperado".
Después vuelve la luz a mi
alrededor y veo a La Señora que baja y me indica las tres
palabras:
"Verdad", "Fe" y "Amor". Le Señora
sonríe y me dice: "Pero
habrá
que
aprender muchísimo".
Ella me indica de pronto
a la derecha, y veo sentado alguien, con una
larga
barba blanca. Lleva un vestido largo y tiene dos dedos juntos
levantados. Tiene
un libro voluminoso bajo el codo y delante de él hay una llave
grande.
Desaparece esa imagen y La Señora dice otra vez: "Mira", y me
muestra ahora
otra cosa. Es una piedra grande, sobre la cual yace
un
cordero. Oigo decir: "Ecce Homo".
(En
latín: “He aquí al Hombre".)
De repente La Señora se va y también la luz.
MENSAJE 9
29 de marzo de 1946
Veo a La Señora otra
vez de pie. Tiene un Niño en brazos.
El Niño tiene una
aureola en torno a su cabeza y brilla por todas partes. Es como si La
Señora
bajara y ahora la veo de pie sobre el globo de la tierra. La esfera
terrestre
gira debajo de Ella. La Señora me mira y dice: "Ven,
sígueme". Voy tras Ella y pareciera que
camináramos sobre el globo. La
Señora se vuelve hacia mí y me dice: "A Él...
–indicando al Niño– ...quiero
traerlo de nuevo al mundo".
Pero mientras dice eso, La Señora mueve la cabeza como diciendo
que no. Yo miro
al Niño y, mientras lo miro, el Niño se convierte en una
Cruz. De repente, la Cruz cae delante
de mí y se
rompe en pedazos. Miro el mundo y veo que está en tinieblas.
Entonces oigo exclamar a La Señora: "¡Tráelo
de
nuevo al mundo!", indicando la Cruz rota.
Ahora veo de repente la Cruz, otra vez
entera, plantada en el centro
del mundo.
A su alrededor hay toda clase de personas, que sin embargo vuelven la
cabeza.
Yo me siento muy cansada y se lo digo a La Señora, pero Ella me
sonríe. Después la veo sentada en una especie de trono;
tiene otra vez
al Niño en su
regazo. El Niño resplandece por todas partes. La Señora
dice: "Primero hay que
volver a Él; sólo entonces habrá verdadera
paz". Ella acentúa la palabra "verdadera". Entonces aparecen
unas
palabras, formando
un arco, alrededor de La Señora. Tengo que leer en voz alta:
"Verdad". "¿Otra
vez?", digo, y miro a La Señora. Ella asiente con la
cabeza, como diciendo que
sí. Esa está en el centro. Entonces leo a la izquierda:
"Justicia"
y a la
derecha:
"Caridad".

Después de leer esto, veo a sus pies un león de
piedra con una aureola de luz
en torno a la cabeza. Detrás del trono, veo aparecer torres e
iglesias y veo
también obispos. "No son de nuestra Iglesia", digo
yo. Percibo en mi interior:
ésa es la iglesia de Inglaterra. Mientras miro, se atraviesa una
cruz en forma
de X. Y veo que La Señora sonríe. El Niño sobre su
regazo ya ha crecido; está ahora de pie
y tiene un cáliz en la
mano. Entonces veo una escalera al lado, y es como si yo subiera por
ella.
Llego arriba de la escalera y veo el siguiente símbolo: una X
con una P encima.
(Símbolo griego de Cristo.)
La Señora dice: "La
religión
va
a sostener una dura batalla y querrán pisotearla. Eso
será de una manera tan
refinada, que casi nadie se dará cuenta. Pero yo advierto".
Ella mira muy seria e indica el cáliz. Le oigo decir: "Christi
Regnum",
(En
latín: “Reino de Cristo”)
y después veo Jerusalén delante de mí; eso
se me dice. Allí hay una lucha y veo
unos sacerdotes armenios frente a mí. Después levanto dos
dedos. Veo de nuevo a La Señora en su trono con todo alrededor,
y veo ahora la iglesia
inglesa, una
iglesia rusa, una iglesia armenia y muchas otras más.
Éstas dan vueltas y vueltas entre sí.
La Señora mira preocupada y le
oigo decir: "¡Roma, ten
cuidado!" Ella dice estas palabras con fuerza y cierra el
puño. Entonces La Señora desaparece
de repente.
MENSAJE 10
9 de junio de 1946
(Pentecostés)
Veo a La Señora de
pie. Amonesta con el dedo, como si se
dirijiera al mundo: "Urbi et
Orbi
(En
latín: “A la Ciudad (Roma) y al mundo”.)
En éste momento esto
es lo más importante".
La Señora baja y tiene en brazos
un Niñito, un
Niño glorioso, envuelto en
pañales. Me hace un gesto de seguirla y yo voy tras Ella. La
Señora pone el
Niño en medio del mundo. El Niño se pone a llorar muy
fuerte. La Señora indica
al Niño y dice: "¡Hombres
que
estais a su favor, cuidado! No puedo advertiros lo suficiente".
Después miro de nuevo ese lugar, pero el Niño ha
desaparecido. La Señora mira
el mundo muy preocupada y dice: "Entre los
hombres ya no hay Justicia, Verdad y Caridad". Después,
es como si La Señora mirara fijamente hacia
adelante y en lo profundo
y dice: "Calamidad tras
calamidad. Por segunda vez les digo: mientras no haya eso, no
habrá verdadera
paz. Rezando y sobre todo trabajando por el bien; no sólo
rezando. Trabajando y
velando".
Entonces veo de pronto que La Señora se pone a un lado. Se me
muestra ahora una
visión espantosa. Del otro lado vienen hacia mí demonios,
como figuras que
revolotean entre sí, con cuernos en la cabeza, patas raras y
caras horrorosas.
Entonces oigo decir a La Señora: "Les anuncio una
nueva y gran calamidad sobre el mundo". La Señora dice esto con
mucha tristeza, siguiendo sus
avisos. Entonces dice: "Si la
gente
quisiera tan sólo escuchar". Y otra vez mueve la cabeza,
como diciendo que no.
Entonces veo un período corto y oigo: "Aparentemente
todo va bien durante un breve período". Después
veo el globo de la tierra y La Señora lo
señala. Veo luces brillantes y
es como si el globo saltara en pedazos por todas partes. Entonces, La
Señora
indica el cielo. Ella está a mi derecha, o sea, a occidente y
Ella señala a
oriente. Veo muchas estrellas en el cielo y La Señora dice:
"Viene de
allá".
Veo de pronto un capelo cardenalicio
frente a mí; alrededor
cuelgan unas
cintas. Sobre él cae una X, como si ese capelo fuese tachado.
Oigo a La Señora
decir: "En Roma
vendrá
una lucha contra el Papa". Veo en torno al Papa muchos obispos
sentados y después oigo: "Catastrófico".
Entonces La Señora se va.
MENSAJE 11
4 de enero de 1947
Veo a La Señora de pie. Ella dice: "Buscad apoyo en
lo verdadero". Ella me hace sentir como si yo pasara la mano por
el mundo y eso
me produce un
dolor tremendo. La Señora dice: "Así es el
mundo
en este momento". Paso otra vez mi mano por el mundo. Veo una
imagen del mundo, como lo
veo
siempre. Entonces esa imagen cambia y, de repente, se convierte en un
mundo
totalmente diferente. La Señora dice: "Ése es el
mundo
de más tarde; ése será muy pesado. El mundo se
autodestruirá". Ésto último, La Señora lo
dice tristemente, como
si quisiera advertir a la
gente: Si seguís así,
el mundo se destruirá a
sí mismo.
Entonces parece que La Señora toma el globo de la tierra en su
mano y lo hace
girar, y dice: "Tiene que
mejorar otra vez, pero…"
Miro a donde La Señora indica y veo toda clase de iglesias; me
parece que no
son iglesias católicas. En medio de ellas veo Roma. La
Señora amonesta con el
dedo y dice: "Roma,
¡estás
avisada!" Después veo la iglesia de Inglaterra, eso se me dice;
veo
que en ella sucede un
cambio.
La Señora da un paso hacia
mí y dice: "Mira".
Veo entonces un conjunto de torres de iglesias, una junto a otra.
Entonces La Señora toma una barra de hierro, la pone alrededor
de las torres
y las ata. Lo
miramos juntas. Entonces Ella suelta la barra y repite tres veces:
"Arriba". Mientras dice eso, levanta las manos un poquito cada vez.
Entonces empieza a
escribir palabras sobre esa iglesia, y yo leo en voz alta:
"Caridad";
eso lo
pone por encima y en medio de las torres. Después escribe a la
derecha, pero
más abajo:
"Justicia".
Entonces va a la izquierda y allí
escribe: "Verdad".
Mientras tanto, oigo a La Señora decir: "Nada de eso
se
puede encontrar todavía, ¡cuántas veces ya lo he
dicho!" Y mueve la cabeza con compasión. Veo entonces
Roma. La Señora indicándola dice: "No puedo
advertirles lo suficiente, que tienen que seguir éstos
principios de
forma
auténtica". A continuación veo venir
grandes cambios, que me hace ver La Señora.
Veo lo siguiente: grandes olas rojas, que
penetran cada vez más
en el mundo.
Mientras miro, veo que avanzan cada vez más. Oigo decir a La
Señora: "Eso
está bien,
pero… tiene que ser más espiritual; realmente en la verdad, en
la justicia y en
la caridad". Después de eso, es como si
años más tarde
viera venir otras tendencias
espirituales muy diferentes. La
Señora dice: "Vuelvo a
advertir a Roma una vez más. Tienen que tener
mayor
amplitud de miras, pero..." Y mientras La Señora
acentúa esas palabras, todo
desaparece de repente.
MENSAJE 12
30 de agosto de 1947
Oigo esa voz y miro. Siento un sentimiento de opresión y oigo
decir: "Hay una gran
opresión". Y veo claramente Italia extendida ante
mí. Es como si
allí se desatara una
enorme tormenta. Tengo que escuchar y oigo: "Destierro". Parece como si
yo
fuera sobre Italia y tuviera que propinarle golpes.
Entonces
oigo: "Es como si
allí
cayera golpe tras golpe".
Entre tanto, veo el norte de Italia y el
extremo meridional, extendidos
ante
mí. En medio de éstos veo el centro de Italia, donde
reina un escalofriante
silencio. No hay gente, no hay nada, sólo un silencio de muerte.
Entonces veo surgir una gran cúpula. De repente empieza a llover
sobre la cúpula, cada vez
más fuerte y con
gotas cada vez más grandes. Entonces veo que no son gotas
normales, sino de
sangre, que desde el cielo caen sobre la cúpula. A lo lejos veo
una cruz iluminada y oigo: "Esto
se
convertirá en una gran lucha cristiano-política;
política eclesiástica".
Entonces veo de repente una gran sala en
el Vaticano y allí
está sentado el
Papa. Parece que algo extraordinario sucede en el Vaticano. La
Señora dice: "Se
están
llevando a cabo encuentros secretos, repetidas veces. Se reúnen
secretamente". La Señora indica alguien y percibo en mi
interior: ése es
un delegado de
América
(EE.UU.). Delante del Papa hay muchos papeles.
La
Señora dice: "Al Papa
se le
tiene informado de todo. Él está perfectamente enterado
de lo que va a suceder.
Aparentemente hay paz, pero en realidad no la hay; todo es un camuflaje
para el
mundo". Entonces tengo que pasarme la mano derecha dos veces
sobre la izquierda
y oigo: "Esto dará
dos
veces la vuelta". Y veo una especie de periodo.
MENSAJE 13
7 de diciembre de 1947
Veo a La Señora de
pie y oigo: "Roma
amenazada". Después aparece un gran "4" frente a mí, y
alrededor un círculo. Entonces
desaparece esa imagen y se presenta una Cruz ante mí, con los
cuatro brazos
iguales. También a su alrededor se forma un círculo y en
medio de la Cruz leo: "IHS".
(En latín: Iesus Hominum
Salvator: Jesús, Salvador de los
hombres.)
La levanto y la muestro a mi alrededor. En
seguida veo multitudes de hombres en torno a mí. Todos miran la
Cruz, pero muchos con
antipatía.
Entonces veo venir grandes nubarrones sobre Europa y debajo de ellos
pasan
grandes olas que amenazan sumergir a Europa.
Entonces veo a La Señora de pie, en medio de una luz clara y
brillante. Está
vestida de blanco. Tiene los brazos extendidos y de sus manos sale un
intenso
haz de rayos. Tengo que abrir
la mano con la palma hacia arriba, y es como si el haz de rayos
penetrara en
ella. Siento que me quema y
me pincha. La Señora me
sonríe y me señala la mano, haciendo un gesto afirmativo.
No sé lo que
significa.
Entonces el rostro de La Señora se llena de tristeza y
aflicción. Señala los
nubarrones y las olas y dice: "Primero
tendrán
que pasar por esa inundación y sólo entonces..."
Y luego veo esas mismas
palabras escritas. Después de "sólo
entonces"
hay puntos suspensivos, como si
siguiera algo que tiene que permanecer secreto. Entonces el rostro de
La Señora se ilumina y veo el agua que se
levanta como
vapor. Es como si los rayos
del sol la atravasaran por un instante.
De nuevo La Señora me señala la tierra y veo que todo se
ha despejado. Y ahora
veo gran cantidad de huesos humanos esparcidos por el suelo, cabezas,
brazos y
piernas a pedazos. Es una escena espantosa. Oigo decir a La
Señora: "Eso es la
perdición. Así pues, trabajad, trabajad..."
Entonces Ella señala hacia arriba
y dice: "Lee". Veo
aparecer unas letras y leo:
"Justicia".
Luego siento un terrible
dolor en
la mano; la mano la siento pesadísima. Después oigo a La
Señora decir: "Vamos,
sigue
leyendo". Y veo escrito en letras
grandes:
"Caridad". Sobre eso veo venir estalactitas de hielo
que gotean. Entonces oigo esa voz que
dice: "¡Continúa
leyendo!" Pero al querer leer, no puedo hacerlo, porque las
llamas que envuelven
las letras.
Por un momento se disipan las llamas y leo:
"Rectitud".
Después, La Señora me
indica algo y veo un cementerio
militar, con filas
interminables de cruces blancas. Las veo caer una por una; todas caen
hacia
atrás. La Señora indica de nuevo, y veo aparecer nuevas
cruces blancas; las veo
salir del suelo, hasta donde la vista me alcanza. Entonces oigo a La
Señora
decir: "Este es el
mensaje que traigo hoy".
(Es la primera
vez que La Señora habla de “mensaje”.)
Luego veo a La Señora alejarse lentamente de la luz. Siento
entonces un gran
vacío a mi alrededor y todo se oscurece en la tierra.
MENSAJE 14
26 de diciembre de 1947
Veo de repente una luz
brillante y siento que me entra un dolor en la
mano; es
igual a un haz de rayos. Veo a La Señora y Ella dice:
"Vendrán
calamidades
de norte a sur, del sur al oeste y del oeste al este". Veo ahora
una cúpula redonda.
Percibo en mi interior: ésa es una cúpula de
Jerusalén, y oigo: "En torno
a
Jerusalén se librarán duras batallas". De pronto
veo claramente El Cairo y advierto una extraña
sensación. Luego veo toda clase
de pueblos
orientales: persas, árabes, etc. La
Señora dice: "Será
como
si el
mundo se rasgara en dos partes". Veo ahora el mundo entero ante
mí, y veo que se forma una enorme
grieta; una
hendidura que va zigzagueando y atraviesa todo el mundo, por encima del
cual
veo nubarrones. Oigo decir a La Señora: "Vendrá
mucho
sufrimiento y miseria". Entonces veo diferentes
poblados orientales con techos blancos.
Siento algo pesado en mi
mano y, mientras me miro la mano, aparece en
ella una
Cruz. Tengo que ponerla en el suelo. La
Cruz es pesada y oscila por todas partes, de izquierda a derecha, de
atrás a adelante. Por un
momento parece como si se cayera hacia delante, pero después se
endereza otra
vez y es como si ahora fuera más ligera y bien plantada en el
suelo. Ahora tengo que mirar por
tierra y veo huesos y cascos que yacen bajo la Cruz. Después
aparece una gran llave en mi mano. Inmediatamente la dejo caer y cae
entre
los huesos y los cascos. Entonces veo filas de jóvenes que
desfilan delante de
mí. Son soldados. Oigo esa
voz que dice: "¡Ayudar a
nuestros jóvenes con asistencia espiritual!" Entonces
veo tumbas blancas;
todas con pequeñas cruces blancas. Me da un dolor en la mano y
veo América y Europa, una al lado de la otra. Después veo
escrito: “Guerra
económica, boicot, monedas, calamidades”.
A continuación veo
diferentes figuras que se entrecruzan
rápidamente unas con
otras. Lo primero que logro distinguir son antorchas que despiden luz
en tres
direcciones: hacia el oeste, hacia el norte y hacia el este. Luego veo
cruzarse rayas azules y blancas,
y luego estrellas. Después veo la hoz y el martillo, pero el
martillo se separa
de la hoz y ahora todo va dando vueltas por los aires. A
continuación veo una media luna y un sol. También estas
insignias pasan a
través de
los símbolos anteriores. Por
último llega una especie de cabra montesa, con grandes cuernos
inclinados hacia
atrás. Parece un antílope africano, que da saltos
grandísimos por encima de
todo ello. Mientras todo va volando como en un tornado, por la
izquierda
aparece un círculo, dentro del cual gira el globo de la tierra.
Después de esto , veo de repente un gran reloj solar. Oigo a La
Señora decir: "El
reloj solar
ya ha dado la vuelta".
Entonces se me presenta una imagen
extraña. Tengo que mirar el
cielo; parece
que dispararan algo en el aire. Algo pasa volando frente a mí,
tan rápido, que
casi no puedo verlo. Tiene forma de cigarro o de torpedo, y es de color
aluminio. De pronto, veo que algo estalla en la parte posterior.
(Misiles, armas bacteriológicas o atómicas, que
entonces
Ida no conocía.)
Con la mano percibo diferentes sensaciones terribles. Primero, una
completa
insensibilidad. Estoy viva, pero no vivo. A continuación veo
imágenes
espantosas de personas frente a mí. Veo caras, caras hinchadas,
llenas de
úlceras, como una especie de lepra. Luego siento enfermedades
terribles y
mortales: cólera, lepra; todo lo que esa gente tiene que sufrir.
Entonces eso desaparece y veo cositas negras flotando a mi
alrededor. Intento saber
qué es, pero no lo logro; parece como polvo muy fino. No puedo
distinguir con
mis ojos lo que es. Es como si tuviera que mirar a través de
algo, (microscopio) y allá abajo
veo magníficos campos blancos y sobre ellos veo esas cositas
negras, pero ahora
agrandadas y como si tuvieran vida. No sé como explicarlo.
Pregunto a La Señora: "¿Esos son bacilos?" Ella
responde muy seria: "Es algo
infernal". Entonces siento que se me hincha la cara y todo el
cuerpo. Siento que
tengo la
cara muy hinchada y toda rígida. No puedo moverme. Oigo decir a
La Señora:
"Y eso lo
están
inventando" y luego en voz muy baja: "ese ruso, pero
también los otros". Después dice con fuerza: "Pueblos,
¡estais avisados!". Y La Señora se va.
MENSAJE 15
28 de marzo de 1948
Veo a La Señora y dice: "Se tratará
del
derecho. Dentro de muy poco tiempo van a suceder cosas graves.
Serán precedidas
por caos, desorden, dudas y desesperación. Sobre la
basílica de San Pedro
vendrán densos nubarrones, que podrán disiparse
sólo después de mucha lucha y
dificultades; si no sucumbe. Todos los cristianos
tienen que unirse. Eso irá acompañado de mucho
dolor y miseria. Uníos todos,
porque la lucha empieza. Las puertas se abren. Los pueblos de oriente
se cubren
el rostro con las manos en Jerusalén. Se dolerán
con lamentos por su ciudad. Hay una fuente, en
la que podeis lavaros todos".
(Rf.: Zacarías, 13,1)
Entonces veo escrito:
"Justicia",
"Amor" y "Rectitud". La Señora
dice: "Mientras estas
palabras no estén escritas en la mente y los corazones de los
hombres, no habrá
paz a la vista". Luego veo una Cruz plantada
en el suelo. Una serpiente se enrolla en ella y todo se pone oscuro y
negro a
mi alrededor. A continuación veo una espada que pende sobre
Europa y el
oriente. De occidente llega una luz. Oigo a La Señora decir
severamente: "Pueblos
cristianos, los paganos os darán una lección".
Después veo al Papa
y en torno a él hay una guardia
reforzada. Hay también otros a
su alrededor; me
parece que son todos eclesiásticos: obispos y cardenales.
Mientras La Señora
los señala, dice: "Cepos
y
trampas". Después que La Señora ha
dicho esto, me mira intensamente. Sobre la basílica de
San Pedro se ciernen
densos nubarrones. Entonces La Señora dice a todos los que
están sentados en
torno al Papa: "Sed justos y
actuad según vuestra doctrina. Tapaos los ojos con las manos y
volved en sí". Entonces es como si de nuevo me pusieran una cruz
en la mano y me
duele. Es tan
pesada que casi no puedo sostenerla. La Señora dice: "Sostenla
fuerte". Es como si grandes rayos
salieran de la Cruz. Y de pronto, desaparece La Señora y
también la luz.
MENSAJE 16
7 de mayo de 1949
Tengo que levantar dos dedos y entonces
veo un obispo con ropaje pontifical. Veo después un
féretro de piedra, sobre el
que yace un alto prelado, también de piedra. A la cabecera del
féretro hay un capelo
cardenalicio y más arriba una espada y una corona. La espada
está colocada un
poco inclinada junto al capelo, y estando inclinado el féretro,
la espada
inclinada señala hacia abajo.
Entonces me colocan ante a una gran puerta. Ésta se abre y yo
tengo que entrar.
Delante de la puerta hay una persona con un vestido largo. Me da una
sensación
siniestra tener que dar ese paso más allá del umbral.
Ahora veo que es La Señora. Ella dice: "Da ese paso". Llegamos
entonces a un gran espacio en forma circular. En ese espacio
hay un
vacío y una inmensa oscuridad. La Señora dice: "Esa es
una
mancha oscura. Ahí tienes que descender muy
profundamente. Esa es la profundidad y la oscuridad de los
tiempos".
Entonces veo a La Señora sentada, vestida de luto y con un velo
sobre la
cabeza. Tiene facciones de anciana y está toda encorvada. Ella
dice: "Estamos
aquí en
la oscuridad; es la degeneración de la humanidad". Veo
entonces una cruz ante
mí. El cuerpo se desprende, de manera que la cruz queda desnuda.
La Señora dice
muy triste: "El martirio
comienza de nuevo". Veo arrugas profundas y gruesas
lágrimas en el rostro de La Señora.
Después penetro con Ella más profundamente en la
oscuridad. "Oh, ¿qué es eso?",
pregunto yo. Entramos a una gruta. La Señora me hace palpar la
piedra; es una
gruta de piedra natural. Entonces ponen un poco de paja, sobre la que
colocan a
un Niño. Alrededor entran muchas personas, personas muy
sencillas. La Señora
dice: "Gente
común,
los más pequeños de los míos. Ya no hay lugar para
ellos, multitudes enteras,
los más pequeños de los míos" va repitiendo La
Señora a cada momento.
Ahora, ante mí, esa gruta se transforma en una iglesia. Veo
filas interminables
de iglesias y luego otra vez esa iglesia. Como en la gruta, hay
también un poco
de paja, donde ponen a un Niño. No se trata nuevamente de un
niño común, sino
de un Niño celestial y luminoso. Un Niño espiritualizado.
A continuación La Señora me lleva por todas esas
iglesias. Ella señala muchos
bancos vacíos y dice: "¿Ves
el
error?
Vacíos". Entonces, sobre los bancos,
aparecen etiquetas blancas; como con nombres. Entonces La Señora
dice otra vez: "¿Ves
el
error?" Ahora Ella pasa su mano por
todas esas filas de bancos y entonces veo que los bancos están
sin etiquetas. "Los
más
pequeños de los míos... " repite esa voz, y es
como si La Señora quisiera llenar esos
bancos de gente. Entonces veo a un obispo. La
Señora dice: "¡Dilo,
dilo!" e indica las iglesias. "El mundo tiene
que estar desprendido de todo y especialmente la Iglesia".
Después
veo la basílica de San Pedro. Veo al Papa sentado
cabizbajo, rodeado
por su guardia. Todo eso es colocado también en la gruta.
Entonces, La Señora
escribe una gran P con una X encima. Ella coloca esto a los pies
del Papa, y
allí es colocada la cruz, con el brazo largo hacia arriba, o
sea, al revés. La
Señora dice: "¿Dónde
están
sus soldados?" El Papa está sentado con los dedos
levantados y sobre su cabeza
está escrito: "Lucha".
Veo cada vez más lucha. Después veo
detrás del Papa soldados de pie,
con gorros altos, que levantan dos dedos. La Señora dice:
"Después
sucede
en el mundo un gran conflicto". Y veo dos grandes potencias
enfrentadas.
A continuación veo un campo
de trigo que ondea. Se mece suavemente de lado a lado. Entonces oigo
decir dos
veces a La Señora: "Corrupción".
Luego dice: "Rusia
hará
todo
con engaño. Vendrá una revolución". Ahora
veo la tierra, y parece como si fuera azotada. Entonces dice La
Señora: "También
la
naturaleza cambia". Oigo: "Ya
no hay
Cristo". Voy por ahí buscando y oigo:
"Realismo, un
espíritu de realismo". Es como si yo también viera
ese espíritu.
Entonces se me presenta una hermosa
escena. Entramos otra vez en la
gruta y es como si ahí
llevaran todos los frutos y las riquezas de la tierra. Ahora La
Señora pone cara contenta y me dice: "Vamos a
repartir". Pero entonces se pone muy seria y dice: "Ese era el
espíritu que no han comprendido". Y mientras, parece como
si
Ella repartiera. Ahora La Señora me
muestra la Cruz
desnuda y la pone acostada en el suelo de la gruta.
De repente me encuentro sobre la tierra; el globo de la tierra
está debajo de
nosotras. Ahora veo algo muy
curioso, algo que nosotros no conocemos, es decir, un plano central,
todo azul
y con una profundidad infinita. Alrededor
de esto hay círculos de colores preciosos, que se funden
entre
sí. Son colores que nosotros no conocemos. Mientras floto en el
espacio, soy
atraída de repente hacia abajo como por un imán. La
Señora dice: "Son
fuerzas
naturales, oirás hablar de eso". Me parece que todo esto es para
más tarde.
Avanzamos y llegamos a pararnos sobre los círculos o anillos, en
una luz
infinita, una luz muy extraña y peculiar. Después nos
paramos sobre otro
círculo, que para mí es muy pesado; pierdo la
sensibilidad en las manos y en
todo mi cuerpo; es como si flotara de arriba a abajo. Entonces me da
una especie de dolor, un dolor
terrible. ¿Qué tiene que ver con esto? No lo
sé. Esa imagen desaparece y ahora veo a La Señora
indicando algo.
Ella dice: "Ese es el
círculo luminoso".
Y ahora veo de pronto otra vez la
basílica de San Pedro y junto
a ella, la
Iglesia de Inglaterra, la iglesia armenia y después la iglesia
rusa; esto se me
dice. Alrededor de todo esto aparece una línea y el Papa
se encuentra sentado a
la cabeza y tiene los dos extremos de la línea. Detrás
del Papa y de las
iglesias, oigo vagamente la palabra "Ateos".
Estos trazan un semicírculo en torno a lo anterior.
Después aparece una nueva
circunferencia alrededor. La Iglesia parece quedar encerrada. Oigo a La
Señora
decir con tristeza e insistencia: "Así no
podemos". Después veo un asno y
personas que huyen. Sobre el
asno va una Mujer con un Niñito. Ambos
son seres luminosos. Es una escena
oriental.
A continuación veo ante mí Europa y al lado
América. Parece que cojo algo del
centro de Norteamérica y luego lo desparramo sobre Europa. No
sé lo que es. Luego veo a lo lejos muchos pueblos orientales. "A
esos
Él los
despertará" dice La Señora. Veo esto muy de
lejos. Después aparece una calavera, y oigo decir a La
Señora: "Se acerca una
gran calamidad. Los sorprenderá. Lo mares de oriente
están llenos, pero no se
ve". Tengo ahora que trazar una línea de norte a oeste,
oblicua. No
sé lo que
significa. Entonces La Señora dice: "Buscan la paz,
pero no la encuentran". Y La Señora se va.
MENSAJE 17
1º de octubre de 1949
Veo a La Señora. Ella
dice: "Hija mía,
yo te
ayudo. Ten confianza, también en los
momentos difíciles". Me pone una cruz en la mano;
es tan pesada. La Señora dice: "Hija,
llevarás
la Cruz por todas partes". Ahora veo escrito ante mí: "1950" y
después: "1951 – 1953".
Entonces veo la
basílica de San Pedro ante mí. Sobre ésta caen
gotas; lágrimas o sangre. Luego La Señora dice:
"Advierte, pues,
que así no va bien. Mi Hijo es perseguido de nuevo. Tomad la
Cruz y
plantadla en el centro. Sólo entonces habrá paz".
Después veo de pronto los Balcanes. Hay lucha; están
combatiendo de nuevo. La
Señora dice: "Hija,
vendrá
una dura lucha. Esa lucha aún no ha terminado. Vendrán
desastres de tipo
económico. El "Empire"
(Imperio)
de Inglaterra se
tambalea". Veo ahora la corona de Inglaterra con una cuerda; de
todos lados tiran
de la
corona para mentenerla en equilibrio sobre ese país.
Después veo el Papa y un Patriarca.
Entonces, La Señora dice: "Ven conmigo a
Rusia". Ahora veo Rusia. La Señora me lleva a edificios
de vidrio,
también
subterráneos, donde hay toda clase de gente trabajando. Me
parece que son alemanes, franceses y polacos,
pero también otros; les oigo hablar en diferentes idiomas. Me
parece que es muy
en el interior de Rusia; en algún lugar de las grandes llanuras
en Rusia
septentrional. La Señora
dice: "Están
fabricando productos químicos. ¡Cuidado, América!
¡Interven, interven! No se
trata sólo de vidas humanas, sino de fuerzas aún
más grandes. Trae, pues, la fe
de nuevo al mundo. Pero los creyentes..." Y La Señora
mueve la cabeza. "Ponedla
pues en
práctica: Caridad. El Amor es el primer mandamiento.
Después viene la
Justicia".
Ahora parece que desciendo con La Señora por el Danubio. Ella
señala a su
alrededor y dice: "
Aquí hay
que
trabajar, allá hay que trabajar". Y señala de izquierda a
derecha. "Tiene que
volver a Dios. El pueblo está dispuesto. Pero los altos
dirigentes no quieren". Y entonces La Señora
desaparece de pronto.
MENSAJE 18
19 de noviembre de 1949
Aquí está La Señora otra vez. Me muestra Italia y
dice: "Ahí hay que
trabajar desde lo alto. Tan sólo palabras no sirven de nada.
¡Obras!" Ahora es como si viera el Vaticano tambalearse.
La Señora dice: "En
Italia hay
que trabajar más contra el comunismo. Advierte, pues, a Alemania
y a Italia. La
situación aún se puede salvar. Lo digo aquí para
que lo transmitas, que
trabajen contra la corrupción de Alemania. La gente es buena,
pero son mal
dirigidos debido a las circunstancias. Tenemos que llevar allí
de nuevo la Cruz
y plantarla en el centro. Tienen que comenzar despertando y llevando de
nuevo
la fe a la juventud. Si no se trabaja en serio en Italia, se
hundirá. Hay que despertar a los más pequeños
entre los míos".
Entonces es como si La Señora condujera una gran multitud de
hombres hacia un
punto determinado. Mientras miro, veo que La Señora los empuja
hacia un altar
en donde hay una gran cruz. Entonces dice: "Esa es la tarea
de los grandes de la tierra, pero...
–y La Señora mueve el dedo y con la cabeza hace un gesto
negativo– "Por eso tienen
que colaborar todos. ¡Divúlgalo!" dice La Señora.
"Tienen
que rezar aún más. Rezar por la corrupción. Si no
lo hacen, el
mundo entero se autodestruirá. Por eso te lo he
mostrado". Y ahora La Señora desaparece.
MENSAJE 19
3 de diciembre de 1949
Veo a La Señora de pie. Ella dice: "Hija, te traigo
otra vez un mensaje para Alemania. Hay que salvarla". Entonces La
Señora me lleva por Alemania. Mientras veo Alemania
en toda su
extensión, siento la situación que allí reina: un
tremendo deterioro del país,
del pueblo, de la juventud y una enorme apostasía. La
Señora dice: "Que los
obispos
trabajen. Tienen que dar órdenes a sus sacerdotes, para que
trabajen sobre todo
entre la juventud, combatiendo el humanismo, ese paganismo
moderno". Veo muchas cruces ante
mí. La Señora me
enseña como
cada una de esas cruces es puesta en un lugar distinto. Ahora veo una
gran
plaza en Berlín, en la que está el edificio del gobierno.
Parece que La Señora
coloca allí una gran cruz y me dice: "Es necesario
que los hombres sean llevados a ella. Hay que alejar la juventud del
paganismo
moderno. Que trabajen con ahínco en ello".
Entonces veo otra vez Roma ante mí. La Señora va por Roma
y dice, amonestando
con el dedo: "Ay, ay,
¿por
qué no empezar por aquí? Tendrá que ser
completamente reconstruida". Y es como si pasara sus manos por
el Vaticano y sacude por debajo todo,
poniéndolo todo boca abajo.
Después veo Holanda en toda su extensión. La
Señora dice: "También
Holanda
se acerca al precipicio". Veo a la juventud de Holanda; gente
joven y niños, parados junto
a un barranco.
La Señora dice: "Están
al
borde
de un precipicio".
Entonces es como si La Señora me llevara a algún lugar.
Veo frente a mí dos
montañas altísimas. Entre ellas hay un precipicio o
abismo negro y muy
profundo. Parece como si yo estuviera sobre una de esas
montañas. La Señora
dice: "
Mira". Y veo un abismo en medio del mundo. De pronto, es como si La
Señora juntara esas dos montañas
y dice: "Hay que colmar
ese precipicio".
Después, veo la basílica de San Pedro. La Señora
dice: "
Hija, ahí
ves
al Papa, de pontifical, con dos dedos en alto. Escucha bien. La
doctrina es
correcta, pero el Papa tiene facultad para cambiar las leyes.
¡Pues que lo
lleve a cabo!". Veo todavía al Papa frente a mí, sentado
y con dos dedos
en alto. Entonces veo
una gran sala de reuniones, donde el Papa está sentado. "Hija,
–dice La Señora– esas leyes
pueden ser cambiadas. Pueden serlo y
tienen
que ser cambiadas. Las posiciones deben acercarse
más. Que en Roma sigan adelante y así den el ejemplo a
todo el mundo. Piénsalo
y dilo. Y te repito: el Amor es el primer mandamiento y, junto a
éste, como
unidos por un arco, la Verdad y la Justicia".
"
Hija, –dice La Señora otra vez– ¡mira!" Y entonces veo,
entre La Señora y el Papa, el número "50". La
Señora dice:
"En ese año
habrá que trabajar duro y... no sólo con palabras. La
doctrina de
Cristo es exacta. ¿Por qué no es aplicada exactamente y
hasta en los detalles?"
Veo ahora puntitos a mi
alrededor y en el centro un gran punto rojo. La Señora aprieta
fuerte con la
mano ese punto y dice: "Esta
es la
cosa
principal. No es puesta en práctica. En esto
tendrá que hacerse toda una
revolución. Si no hacen caso de los avisos, perecerán e
irán a parar allá". Y entonces veo de nuevo las
montañas y el abismo. Después veo otra vez al Papa y La
Señora dice:
"Él tiene
que
dar la orden y se hará". Entonces veo Italia y altos
eclesiásticos extranjeros; veo al
Papa sentado con
cardenales y obispos en torno a él, en una sala de reuniones del
Vaticano. La Señora me dice que
está promulgando un
decreto. Entonces veo un
puente entre los puestos superiores y los inferiores. "A eso hay que
llegar" dice La Señora. "Pensad
en el amor y la justicia. Que todos los creyentes
colaboren al bien".
Entonces le pregunto: "Pero, ¿es usted La Señora?"
(Por
orden de su confesor, el Padre Frehe, Ida tiene que
preguntar a la
aparición si es María y qué significa “La
Señora”.)
Ella me mira sonriente y me dice: "Que tu director
espiritual crea en ti. Él tiene pruebas suficientes. Dile lo
siguiente:
que él
tiene amor y buenas intenciones, también para su trabajo. Y
además..." La Señora hace un gesto amigable con la
cabeza y las manos, tal
y como una
buena madre, y dice: "Y que
no se
preocupe. Su vida ha sido encaminada así. Se te ha dado la
prueba. Más no puedo
decir por ahora. Saldrá a la luz con el transcurso de los
años. Dile esto". Me asustan estas últimas
palabras y pienso: ¿de los
años? ¿Cuánto tiempo
tardará? Y entonces La Señora se va.
MENSAJE 20
16 de diciembre de 1949
Mientras La Señora mira muy
severamente y amonesta con el dedo,
le oigo decir: "Pobre, pobre
Alemania. Tomad las cruces y plantadlas
en el centro. Despertad a los
eclesiásticos. Empezad desde abajo. La gente humilde
tiene
que ser conducida de nuevo a Él. ¡Que sepan que así
hay que hacer!" Y La Señora cierra el
puño y
me lo muestra. Lo hace con mucha fuerza, y hasta agita el brazo y el
puño hacia
mí.
Después veo la basílica de
San Pedro. La Señora le
tiene la mano encima y dice: "Esta
tiene
que
ser protegida y así será. Ese otro espíritu
penetra demasiado". Entonces veo ante mí muchas
nubes, blancas y rojas, que se entrecruzan. Es como si pasaran con
rapidez unas
a través de otras. Allá abajo veo siluetas de diferentes
cúpulas y torres de
iglesias, unas junto a otras y a la vez revueltas. La Señora me
indica esa escena y entonces es
como
si Ella separara las nubes con las manos. Veo ahora una superficie de
un azul
profundo ante mí, y en medio de esa superficie hay una luz
brillante, como una
estrella refulgente, que brilla ante mis ojos. La Señora golpea
esa luz con el
dedo índice, delicadamente, pero a la vez tan fuerte que parece
como si yo
oyera los golpes; como si Ella golpeara con un martillo. Ella dice
entonces: "Allá es a
donde
tienen que llegar". A continuación veo allá abajo
densas nubes muy negras y
la cúpula de San Pedro.
Y oigo decir: "Habrá
lucha, será
violenta, estallará. Aún estamos lejos".
Después veo al Papa
sentado frente a mí. La Señora
mira seria, vuelve la cabeza
y dice: "Exhortad a los
súbditos. No sólo exhortarlos, sino trabajar en el
verdadero espíritu
cristiano. Tú piensas que todo eso está
bien, sin embargo hay que trabajar con hechos. Soy lo
suficientemente clara. Hay que insistir aún
más en los derechos sociales, en la justicia y la caridad.
Pero... hacerlo no
con palabras sino con obras. Las obras pueden
atraerlos a la luz que te he mostrado".
Después, veo Europa ante
mí.
La Señora dice: "Europa,
¡ten
cuidado! Úníos para el bien. Esta no es
sólo una lucha económica, se trata de la
corrupción del
espíritu. Es una lucha cristiano-política. Tiene que
comenzar desde arriba, los
que tienen autoridad deben dar el ejemplo. Pero, lamentablemente,
también el
clero tiene que abajarse hasta los más pequeños de los
míos".
Entonces veo escrito, por encima del Papa y de
la basílica de
San Pedro: "Caridad, Justicia".
Está escrito con letras grandes.
La Señora dice: "Este
es el
gran
error de éstos tiempos. Si no se ponen en práctica, todo
irá de mal en peor y
el mundo se perderá cada vez más. Cada quien en
particular
debe preocuparse de
ponerlo en práctica". Entonces es como si La Señora me
pusiera una cruz en la mano y,
señalándose a
sí misma, dice: "No
yo, sino la
Cruz".
Ella me hace leer en un tablero, donde está escrito: "50 – 51 –
53"
y dice: "En este
período
vendrán una lucha y calamidades". A continuación
Ella pone la mano sobre la cúpula, como
protegiéndola, y con la
otra mano se cubre los ojos. Siento un tremendo dolor vivo en la mano.
"Es
insoportable", digo. Entonces, La Señora dice con
vehemencia: "Ese
espíritu
intentará penetrar de todas las maneras; lentamente, con
astucia. Penetrará con
tanta astucia, que los pueblos no se darán cuenta. Te advierto
una vez
más que transmitas esto".
Luego veo Italia. Allí veo un hombre sencillo y modesto, un
clérigo. Es como si
estuviera hablando en medio de un grupo de hombres. La Señora
ríe y lo indica.
Mientras lo miro, dice: "
Ese Padre
Lombardi lo hace muy bien. Trabaja en la
dirección que Nosotros queremos".
(El padre
Ricardo Lombardi, S.J. empezó en 1948 su
“Cruzada de la Bondad”. Durante muchos años predicó
incansablemente y con
palabras sencillas el Evangelio, poniendo al centro el Amor de Dios. No
sólo
invitaba a la conversión personal, sino a la realización
de los ideales
cristianos en la sociedad mundial. Por eso supo tocar el
corazón de mucha
gente.)
Después veo filas de iglesias diferentes frente a mí.
Entonces es como si La Señora se acercara a
la
primera fila y pasara ligeramente la mano sobre ella. Veo desplomarse a
la vez
todas esas iglesias y desaparecer.
Entonces dice La Señora otra vez: "Hija, -y dibuja como una
especie de rombo delante de mí- hija, ese
es el
centro". Veo ahora una cúpula, rodeada por un muro, en la
forma que Ella
lo había
dibujado. Es la cúpula de la basílica de San Pedro.
Alrededor corre un
riachuelo, separado por una sutil línea negra. La Señora
lo indica y dice: "Ese es el
centro", y mueve el dedo de un lado a otro, de un modo muy lento
pero muy serio,
y dice: "Que esto
siga
siendo el centro. Los espíritus del
mundo están empeñados en destruir este centro. Pero yo te
ayudaré".
Ahora veo que La Señora
extiende la mano otra vez sobre el Papa y la basílica de San
Pedro. Y de pronto
veo a la izquierda una enorme garra negra, con uñas largas y
afiladas. Es como
si esa garra sacudiera todo lo que está dentro de la
basílica de San Pedro. ¡Qué
dolor siento! Todo se pone rosado y
rojo ante mis ojos. Mientras la garra revolotea por todas partes, veo
volar un
águila negra. Ésta vuela
con
grandes aletazos y va hacia la izquierda.
A mi derecha veo Alemania. Entonces oigo a La Señora decir:
"Alemania,
¡ten
cuidado!" Veo ahora sobre Alemania un triángulo dibujado.
La Señora
dice: "El espíritu
del
triángulo intenta penetrar bajo otra forma. La gente es buena,
pero les tiran de acá y de allá y no saben qué
hacer.
Pobre Alemania. Se vuelven víctimas y son víctimas de ese
otro grande". Veo entonces frente a mí un obispo
alemán revestido
solemnemente, un hombre de
edad, un hombre vigoroso. A
mi derecha llega un seglar, también un hombre de aspecto fuerte.
Oigo: "El obispo en el
terreno de su autoridad, y ahí llega alguien también en
otro terreno. Pero eso
es para más tarde. Alemania intentará salirse, igual que
Italia". Entonces veo otra vez a ese clérigo sencillo con
gente a su
alrededor. La
Señora dice: "Él
intenta
llevar la verdad a la gente". Entonces Ella me dice: "Tú
divulgarás esto; diles esto". Y
La Señora desaparece
de
repente.
MENSAJE 21
14 de febrero de 1950
Veo a La Señora de pie. Ella me
dice: "Hija mía,
vengo
aquí para decirte qué clase de mensaje traigo. Hay que
trabajar mucho y
fuertemente". Entonces La Señora hace un gesto con las
manos, como si hiciera
señas a varias
personas, y veo muchos jóvenes; chicos y chicas. Desaparece esa
imagen y ahora
veo como si La Señora les hiciera señas a los
jóvenes para que vengan a ponerse
de pie ante Ella y dice: "Todavía
no
veo
los ejércitos de chicos y chicas. ¿Por
qué no se les forma y siempre son olvidados?" Es como si
Ella mirara a su alrededor para ver dónde se meten.
Entonces dice: "Por eso vengo
aquí a llamar la atención sobre esto. Eso
vale también para Alemania".
Entonces La Señora continúa: "En el mundo hay
una gran inclinación hacia el bien. Precisamente por eso
es que el otro
espíritu también trabaja. Ese espíritu ejerce una
influencia sobre el mundo
para corromperlo. Los hombres de por sí
no son malos, sino débiles". Luego La Señora tiene
de
nuevo una cruz en la mano. Es como si Ella la pusiera sobre una especie
de
elevación y dice:
"¿Ves esa
Cruz? A ella habrá que hacer que vuelva la
humanidad. Les pido con insistencia que en el mundo moderno, con toda
su técnica, no
se olviden de esa simple Cruz".
Después veo al Papa ante mí y a su alrededor todo
el
Vaticano. Es como si en un
instante La Señora se encontrara por encima de todo eso.
Luego veo caer gotas sobre
el Vaticano; esas gotas vienen de La Señora. Ella advierte:
"Esta Iglesia
todavía tiene la oportunidad, pero no quiero decir más.
He hablado del mundo
moderno. ¿Por qué Roma no busca medios más
modernos y trabaja con un espíritu
más moderno? Que recurran a esos medios para vencer a ese
espíritu del mundo.
Los otros se ocupan del cuerpo. La Iglesia tiene que ocuparse del
espíritu.
Ahora tienen una gran oportunidad, porque la humanidad está
buscando. La
cuestión ya no es contra las naciones, sino contra el
espíritu".
Entonces continúa La Señora: "Vendrá una
gran
lucha: América y Rusia; se está acercando". Siento
un dolor tremendo en las manos. La Señora dice: "El Japón
se
convertirá". No sé qué significa esto.
Después siento venir sobre la India un dolor
espantoso; La Señora hace que yo
lo sienta en mi mano.
Entonces dice La Señora: "
Si Roma quiere
trabajar mejor, de todas partes vendrá un mayor
entusiasmo". Y entonces veo el Vaticano. La Señora está
otra vez como
por encima de él y
hace un gesto con las manos, como si Ella colocara diferentes iglesias
alrededor del Vaticano. Entonces La Señora dice tal como si
estuviera en
discurso: "Aún hay una
oportunidad. Este Papa tiene que darse cuenta del gran trabajo que
tiene que
realizar en este tiempo".
Luego me muestra Alemania y dice: "Pidan, pues,
que el Papa de instrucciones, ya que Alemania tiene tanta
necesidad del buen
Espíritu. Ellas pueden traerle ese Espíritu". Veo
un Arzobispo en Alemania, un hombre fuerte. "Él
librará una
batalla", oigo que dice La Señora. Luego traza con dos
dedos, el
índice y el mayor
separados, una línea en zigzag a través de Alemania y
dice: "Hay que
trabajar con la juventud alemana; habéis sido encargados de eso.
No se lo digo
en vano
".
Y La Señora se va.
MENSAJE 22
27 de mayo de 1950
Veo a La Señora de pie. Mirándose las manos, me
dice: "Hija, aún
veo
manos vacías. Te pido que transmitas que mi plan es,
precisamente en ese núcleo
de personas, formar un grupo que quiera el bien y haga el bien.
Escucha. Dedican
mucho tiempo a lo material; pues que también le dediquen
tiempo a lo espiritual. ¡Es tan urgente...! ¡Cómo
quisiera
yo que ese grupo lo comprendiera! Te repito: los
católicos tienen que trabajar en serio. Un gran peligro es
inminente. Italia sufrirá una especie de lucha interna". La
Señora me muestra ahora la basílica de San Pedro y
dice: "Así
están
trabajando también en otras direcciones para formar algo
grande.
En Alemania hay
que trabajar duro. Afortunadamente, alguno que otro ha empezado ya a
trabajar
más y mejor entre los creyentes. Sobre todo Alemania
tiene que vigilar mucho. Allí se juega un papel falso".
Ahora veo un gran grupo de jóvenes, en pie, alrededor de La
Señora. Ella los
mira y los señala, y dice: "Hija, que
empiecen...
–y de nuevo indica el grupo a su alrededor– a dar a los
jóvenes la correcta formación espiritual. Es
difícil y
fatigoso, aún para quienes se sienten llamados a esto.
Sin embargo, no
puedo insistir lo suficiente. Urge empezar a hacerlo".
Ahora La Señora traza con la mano una especie de arco y dice:
"Esto es
para
más tarde". No sé lo que esto significa. Entonces dice La
Señora: "Vas a ver que
sólo depués de muchas miserias y calamidades la Cruz
será plantada de nuevo. Que cada uno haga lo
suyo; lo que pueda. Y sobre todo insisto de nuevo en
el primer y más importante mandamiento: el Amor, la
Caridad". Y de repente La Señora desaparece.
MENSAJE
23
15 de agosto de 1950
(La
Asunción de María)
Veo ante mí una figura oriental, con un vestido largo y un
paño sobre la
cabeza. Éste se inclina tres veces con los brazos cruzados y con
las palmas
hacia abajo. Luego, separa los brazos y hace el mismo movimiento pero
con las
palmas hacia arriba. Entonces veo que hay muchos símbolos
extraños: arquitos,
rayitas, puntos, una letra parecida a nuestra J, y después
diversos signos
sueltos unos de otros. Me parece que es un tipo de idioma.
Después veo una
muralla; esa muralla va ondeando de arriba a abajo, como si bajara por
una
montaña. Esto me da un dolor terrible.
De repente veo una bestia delante de mí, una bestia
simbólica que no conocemos.
Después veo cangrejos y
estrellas de mar grandes. Ahora
veo una isla extendida; se me dice que es Formosa. Hay una isla
más pequeña
poco más abajo. Entonces tengo que correrme un poco desde la
izquierda y hacer
sobre la isla un gesto hacia abajo. Y oigo decir: "América
(EE.UU), ten cuidado aquí también". Siento que sobre
esa isla ha de venir algo.
Entonces tengo que juntar las manos y miro hacia arriba, a la
izquierda. Veo a La Señora y le oigo decir: "Este es el
tiempo de la lucha cristiano-política. Esto ya lo he
dicho repetidas veces.
Grandes acontecimientos ahora se van a agudizar. El caos, del que
hablé, está
ocurriendo ya. Han dimitido los gobiernos, han llegado las calamidades
y
vendrán muchas más. Atención, hija, ahora empieza
la lucha. Te muestro éstos
cuatro dedos y trazo un círculo alrededor. Reinará un
rey,
por poco tiempo, pero con fuerza. Tú no lo verás en tu
pequeño círculo".
Entonces dice La Señora: "Mira". Mientras yo estoy junto a Ella,
veo que de repente aparecen unas
bestias y se
paran frente a Ella. "Mira", dice La Señora otra vez, y ahora
veo a su izquierda un lobo o
perro con una
antorcha en la boca; a su lado llega una leona y a la derecha de esta,
un
águila grande. "Mira", dice La Señora otra vez. Ahora
señala hacia arriba y veo
una paloma blanca. La
Señora dice: "Este es un
espíritu nuevo que vendrá". Entonces veo que de la paloma
brotan rayos hacia abajo: dos rayos al
centro,
dos a la derecha y dos a la izquierda. La Señora dice: "El
significado
lo entenderás más tarde". Luego veo a La Señora
otra vez con esas bestias y la paloma,
alrededor de esto aparecen muchas estrellas.
A continuación, es como si La Señora bajara un
peldaño y dice: "Ven". Ahora es como si llegáramos a una
explanada. Nos detenemos
en el
centro de ésta. Entonces dice La Señora: "¿Ves
esto?" La Señora señala del Este al Oeste. Después
abre
los brazos del todo y es como
si Ella pusiera dos murallas en la explanada; una frente a la otra.
Ella
prolonga bastante esos muros. De pronto, La Señora está
como por encima de
ellos y me dice: "Eso no es
nada", e indica el Este y el Oeste. Entonces abre las manos y cierra
los
puños,
primero con la mano derecha y después con la mano izquierda.
Luego dice: "Escucha bien
cuántas veces doy un golpe; dalo tú también".
Cierro los puños como Ella y La Señora empieza a contar,
mientras golpeamos con
fuerza nuestros puños. "Tres veces", dice La Señora. "La
mitad de esto es el Este". Entonces veo los Balcanes y Grecia rodeados
con una gran cadena, y veo
también
Alemania Oriental. Es como si La Señora los atara con esa
cadena. Veo que una
parte queda libre. Al fondo veo una figura sentada con la cabeza
apoyada en la
mano. La voz me dice: "Los
trabajadores y filósofos de la destrucción del
mundo".
Después de esto se me presenta una escena oriental. Subimos
aquella montaña, y arriba hay otra vez una explanada.
Aquí nos detenemos. La Señora señala una cosa
tirada en el suelo. "
Ven", dice Ella, y me indica el suelo. Veo un madero pesado y tengo que
empujarlo,
apartándolo de mí. Entonces veo que sobre éste se
coloca un travesaño; el
conjunto forma ahora una cruz.
Entonces miro de nuevo a La Señora y digo: "¿Cómo
tengo que llamarla a Usted?"
(He tenido que preguntarle por orden de mi director espiritual).
Ella
sonríe y
hace un gesto, como diciendo: ¿Otra vez me lo preguntan? Y me
responde: "Di nada más
que La Señora".
Entonces La Señora, señalando el madero que yo
había empujado, dice: "La
cristiandad". Y hace un gesto con las manos y los dedos, como si todo
se dispersara
volando y
dando vueltas. Esto representa simbólicamente a la
cristiandad. La Señora dice: "Tú
dirás esto:
Cristiandad, tú no conoces tu gran peligro. Hay un
espíritu que quiere
socavarte. Pero... –y La Señora hace con la mano un signo de
bendición– ...el triunfo es
Nuestro".
La Señora prosigue: "Te llevo
conmigo y te enseño una cosa". Ahora veo a Inglaterra, extendida
ante mí. Parece como si La Señora pusiera un
pie sobre Inglaterra. Llamando la atención con el dedo, dice:
"¿Por
qué eres
tan apegada a todo? ¿Es que no puedes
ocuparte de las cosas comunes?" Entonces es como si hiciera
una gran corona sobre Inglaterra y dice: "También de
allí
van a querer tirarla". Es como si La Señora hiciera agujeros
alrededor de la corona,
por los que pasan
unas cintas, y como si Ella atara todas esas cintas a Inglaterra.
Entonces
retira el pie de Inglaterra y dice: "No, Inglaterra, esa
política tuya no es justa". Ahora veo de pronto al Rey de
Inglaterra ante mí y es como si se
diera la vuelta
muy rápidamente. Después veo también a Churchill,
de perfil, por encima de
Inglaterra, pero sólo le veo la cabeza.
Entonces La Señora me indica alguien, y veo un obispo de pie,
pero no es de
nuestra Iglesia. Percibo en mi interior: ese es el obispo de
Canterbury. La
Señora lo mira e indica con el dedo. A continuación veo
aparecer detrás de todo eso torres de campanarios. Mientras La
Señora
señala eso, dice: "Allí
habrá un
cambio". Pero me parece que eso será más tarde.
Luego veo al Papa a nuestra izquierda, con dos dedos levantados. Al
otro lado,
frente a él, está el obispo de Canterbury. Entonces llega
otro eclesiástico,
que se le pone al lado. Este último tiene una peluca
blanca con rizos rígidos,
y lleva una sotana larga con alzacuello blanco. (Ida Peerdeman
reconoció esta visión de la Capilla Sixtina años
más tarde en 1966 por
televisión, en el encuentro entre el Papa Pablo VI y el
Arzobispo de
Canterbury Ramsey, en Roma.) Entonces veo que La Señora
está de pie por encima de sus cabezas y dice: "Mira". Desde el
lado del clero
inglés, La Señora pasa un dedo por la cabeza de los
eclesiásticos ingleses y
pone el dedo entre los dos dedos abiertos del Papa.
Desaparece esa imagen y a continuación veo escrito: "51 53".
La
Señora me lo
enseña y en seguida recibo algo en la mano; es como si tuviera
que agarrarlo en
el aire, viene de muy alto. Oigo decir a esa voz: "Poned
atención
a los meteoros". Entonces dice La Señora: "
Ven". Y proseguimos. La Señora dice: "Esa guerra en
Corea es aparencia y el principio de una gran miseria". Entonces veo
que se hacen
demarcaciones y treguas. Después veo a alguien sentado y que
apoya la cabeza en la mano;
está muy
concentrado. Percibo en mi interior que se trata de un dirigente ruso.
Me
parece que es Stalin o Lenín. "Yo les he
avisado de ese peligro", oigo de que alguien dice junto a
mí. Entonces veo la mitad del
globo de la tierra y tengo que mirarlo. Mientras que, por así
decir, lo
sostengo con la mano, tengo que decir: "Aquí observo con
mucha atención y lo
sostengo". A continuación tengo que ir bajando por el
globo en diagonal hacia
la derecha, y más allá trazar una línea recta. Me
siento por eso terriblemente
sofocada.
"Sigamos", dice La Señora. Ahora veo la parte superior de Italia
y tengo
que sujetarla.
Después veo el sur de Italia, y en cierto modo sujeto el
tacón de Italia con el
dedo pulgar, mientras los otros cuatro dedos los pongo sobre el sur de
Italia.
Entonces oigo a La Señora decir: "No, las cosas
ahí no van bien para nada. ¿Dónde
están las
encíclicas?" Tengo que hacer un gesto y
cruzo las manos verticalmente. Sigo viendo manos vacías.
Entonces veo la
basílica de San Pedro y oigo decir a La Señora:
"¿Sabes
cuál es
tu poder? ¿Pero conoces tu doctrina?" Entonces Ella escribe "Encíclicas"
y dice: "Eso está
bien,
así que ponlo en práctica. Que corra a derecha
e
izquierda, arriba y abajo. Tú sabes –y Ella aprieta el
puño– que ese poder
tiene ¡tanta fuerza!". Después me hace ver un "1",
un "2" y un "3". A
continuación veo un libro; una mano se pone sobre el libro. La
Señora dice: "Observa tus
leyes". Y es como si Ella sacara una cosa, y cuanto más saca,
más
larga y más ancha se
vuelve. Mientras hace esto La Señora, dice: "Sabe que ha
llegado
tu tiempo".
Entonces me lleva a una pendiente y me dice: "Urbi et
Orbi" (En
latín: Para la Ciudad de Roma y para el mundo). La
Señora mira conmigo desde esa pendiente hacia la
basílica de San Pedro y
dice: "¿Por
qué tanta
rigidez? Hazlo más amplio". Luego me lleva a un espacio y me
dice: "Ahí tiene
que
llegar". Entonces veo como una especie de angustia y oigo decir: "De
todo este
caos vendrá primero una lucha y sólo después
vendrá un florecimiento". Y ahora siento una gran
melancolía y La Señora se va,
diciendo: "Vendré de
nuevo
con un mensaje".
MENSAJE
24
16 de noviembre de 1950
El
primero de
noviembre de 1950, el Papa Pío XII
proclama el dogma de la Asunción de Nuestra Señora en
cuerpo y alma al
Cielo. A partir de este hecho los mensajes adquieren
un nuevo
rumbo. Este mensaje, el primero tras la
proclamación del dogma, La Virgen María se
da a conocer por primera vez como La Señora de todos
los
Pueblos.
En los
siguientes mensajes Ella dicta su oración, centra la
atención en su imagen y se
refiere por primera vez al último y más grande dogma, el
de Corredentora,
Medianera y Abogada.
Veo a La Señora de pie sobre el globo de la tierra e
indicándolo me dice: "Hija, estoy de
pie sobre este globo, porque quiero ser llamada La Señora
de
todos los
Pueblos". Las palabras "de todos los Pueblos" aparecen
colocándose sobre
su cabeza en
semicírculo. Sus pies están
sobre Inglaterra y Alemania.
La Señora continúa diciendo: "Ya te he dicho:
Misión en el propio país. Y ahora quiero
mostrarte
algo". Entonces La Señora indica de nuevo el globo y está
de pie
con los pies muy
juntos sobre Alemania. Ahora La Señora hace un moviemiento como
poniendo un pie
sobre Inglaterra y dice: "Desde ahora he
puesto un pie ahí". Vuelve a poner el pie sobre Alemania y junta
de nuevo firmemente los
pies. La
Señora está otra vez con las manos abiertas y mira muy
triste a Alemania.
Entonces La Señora dice: "Hija, he puesto
mis pies aquí. Hay que salvar a Alemania. El Hijo te ha
traído precisamente
aquí,
(Ida está ahora recibiendo este mensaje en Alemania) para
que lo
comprendas mejor. He hecho sanar a
muchos enfermos". Ella me muestra un mapa y me indica allí un
lugar; veo
claremente Lourdes y
otros lugares más; no sé qué lugares son. La
Señora dice: "¿Comprendes
ahora lo que deseo aquí? Aquí hay
tantas almas
enfermas; hay que salvarlas. ¿Por qué se van de
aquí, de Alemania, tantos
religiosos a las misiones? Que se queden aquí. Aquí hay
tanto trabajo que hacer".
La Señora indica algo y veo el Vaticano, mientras dice: "Que el
Papa
envíe los medios y llame a los pastores, de lo contrario
Alemania se perderá.
Hay una enorme apostasía. La gente no quiere contribuir a la
construcción de
nuevos edificios e iglesias. Hay que exhortar a
los
eclesiásticos para eso. Es un trabajo
difícil.
Yo sólo advierto. Los otros se esfuerzan en arrebatarle a Roma
el pueblo
alemán". A continuación veo frente a mí una
calavera en el suelo,
con dos huesos
cruzados. La Señora los coge
y los pone a sus pies, sobre Alemania. Entonces
dice: "El Hijo quiere
dar su protección especial y me ha enviado a ayudar a Alemania.
Pero hay que
animarles a que hagan lo que yo les digo".
Entonces veo muchos niños pequeños que vienen a su
alrededor y la miran
extasiados. La Señora los señala y luego veo a mi
izquierda a hombres y mujeres
de pie, pero muy lejos de La Señora y los niños. La
Señora junta las manos y dice: "Alemania tiene
que comenzar a recuperar la unidad, cada uno en su propia casa. Los
hijos
tienen que estar de nuevo unidos al padre y a la madre. Que se
arrodillen y
recen juntos el rosario". Luego parece como si La Señora
despidiera a los niños y
dice: "Tiene que
empezar desde la base y luego extenderse por todo el mundo. La caridad
tendrá que ser bien practicada de nuevo. Tendrá que
surgir una
gran acción entre los católicos. Se podrá
hacer
divulgándola; predicando más sobre esto en las
iglesias. Por todas partes
emprender la acción". Y mientras parece como si La Señora
empujara a la gente. "Es muy
importante que esto se haga. Hay otros que
están
tratando de destruir a Alemania. El pueblo
está ahora
dispuesto. ¡Así que dilo, dilo!" Entonces La Señora
hace con el dedo un gesto de advertencia: "¡Que
trabajen
fuertemente!"
Después de esto, veo otra vez al Papa delante de
mí. La Señora dice: "El Papa lo
hará
si si se lo piden". Entonces La Señora extiende
las manos cruzadas sobre Alemania. Luego se retira de Alemania y veo el
globo
de la tierra, que da una vuelta bajo sus pies. La veo de nuevo sobre el
mundo y
me señala Roma. Ahora
advierte con el dedo y dice: "Que el Papa
continúe siempre así. Ahora es la gran oportunidad para
Roma". Veo diversas iglesias ante mí y La Señora, con un
solo
movimiento de la mano,
las derriba a todas. Entonces veo en el fondo la gran cúpula del
Vaticano. La
Señora dice: "Ahora ha
llegado la gran oportunidad, a condición de que el Papa lleve a
cabo lo que se
ha propuesto hacer
". Y La Señora tiene la mano sobre el Papa, protegiéndolo.
Entonces Ella dice: "Vendrá una
gran
agitación en el mundo. Los rusos no se van a detener así.
Por eso digo: Yo soy La Señora de todos los Pueblos".
Al decir esto recalca la palabra "todos".
MENSAJE
25
10 de diciembre de 1950
Veo venir una luz de la izquierda. Tengo
que juntar las manos. Entonces veo a La Señora otra vez de pie
sobre el mundo. Después parece
como si La Señora me llevara con Ella, y ahora veo que me pone
delante el globo
terrestre, como un mapa. Ahora La Señora pone algo sobre el mapa
y siento un
dolor horrible en todo el cuerpo. Entonces veo que La Señora ha
puesto una Cruz
enorme sobre ese mapa. Al mirarla siento un dolor tremendo en las manos
y en la
cabeza. Es como si todos los músculos se contrajeran. La
Señora dice: "
Ese es el
madero
que es colocado sobre el mundo", e indica el palo largo. Después
indica el palo horizontal y por
último indica
de nuevo la Cruz entera y dice: "Te hago sentir
los dolores de ese madero".
Siento ahora en la cabeza una sensación de fiebre y es como si
me diera una sed
enorme, tan espantosa, que casi no la puedo soportar. A
continuación La Señora
me dice que levante la mano derecha extendiendo el pulgar y dos dedos.
Con la
mano izquierda tengo que cerrar el puño. La Señora dice:
"
La mano derecha
es la Verdad y la otra es el puño. Esa debes tenerla levantada
para que todos
la vean". Mientras hago esto, veo que detrás del globo con la
Cruz
aparece gente de todas
las naciones. Entonces tengo que ponerme el puño delante de los
ojos. Al
hacerlo, siento un dolor tan tremendo que me retuerzo y empiezo a
llorar. De
nuevo es como si todos los músculos de mi cuerpo se contrajeran.
Le digo a La Señora: "El puño me duele muchísimo".
Entonces los dolores empiezan a calmarse y junto de
nuevo las manos.
La Señora dice: "Ven. Vamos a
pararnos en el centro. Yo deseo poner mis pies en medio del mundo, y te
lo
mostraré: esa es América". Entonces señala otra
parte y dice: "Manchuria;
allí
ocurrirá una insurrección". Luego veo marchar a los
chinos, y les veo superar una línea.
Después tengo que
mover la mano sobre Formosa y Corea. Oigo a La Señora decir:
"Hija, te lo he
dicho: Esto es apariencia. Quiero decir que vendrán
períodos de calma aparente,
pero eso no durará mucho. Los pueblos
orientales
han sido despertados por una clase de gente que no cree en el
Hijo".
Proseguimos. Ahora veo la
gran China en toda su extensión, y tengo que juntar los brazos
de una manera
peculiar. Veo un gran hombre (quiero decir, interiormente grande),
sentado en
un trono. La Señora dice: "Está
triste. Su
imperio será dividido por un tiempo". Luego La Señora
indica América y hace un gesto de
desaprobación con el dedo,
diciendo muy seria: "No lleves tu
política al extremo". Después Ella me hace palpar
dos veces la pesada cruz que también yace sobre América.
A continuación veo Asia.
Entonces veo que La Señora extiende sus brazos, como protegiendo
una parte, que
me parece ser Ucrania. Entonces veo arriba, a la izquierda, en Rusia,
una luz
deslumbrante; es como si estallara desde el suelo. Es un
espectáculo horroroso. "Y después
ya no
ves más nada", dice La Señora, y quedo cegada por esa
luz. Luego veo una
llanura reseca. Es
una imagen desagradable, como si la muerte hubiera pasado por
allí. Después veo frente a mí
gentes con velos sobre la cabeza y envueltas en mantos, que mantienen
cerrados,
sujetándolos con las manos cruzadas sobre el pecho. La
Señora dice: "También
allí
vendrá de nuevo una lucha por Tierra Santa y se librará
una batalla por Nuestro
sitio". Esto último La Señora lo dijo tan bajito, que no
pude
entender si dijo "lucha"
o "dilema". "También el
Japón tiene que tener cuidado. Te digo todo esto, ya que
tú lo vivirás. Pues soy La
Señora de todos los Pueblos y tú lo dirás".
Entonces veo a La Señora en su postura habitual, de pie ante
mí y con los
brazos abiertos. Yo le
pregunto: "¿Me creerán?." Pregunto esto, ya que he tenido
muchas
dificultades. La Señora
responde: "
Sí, por eso ya
había venido antes a ti cuando tu aún no
comprendías. Entonces no era
necesario. Era la prueba para ahora". (En octubre de 1917, cuando
Ida tenía 12 años,
había visto durante tres
sábados consecutivos a una hermosa y resplandeciente "Dama
vestida de blanco". El primero de
esos sábados fue el 13 de octubre de 1917,
día en que tuvo lugar el milagro del sol en Fátima.)
Ahora tengo que cerrar el puño de una mano y levantar los dedos
de la otra.
Entonces dice La Señora: "
Esas dos manos
se enfrentarán. Pero después de mucha lucha y dolor, la
mano con el puño caerá,
porque la Verdad siempre triunfará. Pero por desgracia,
habrá mucho que
cambiar. Di que la Iglesia ahora va por buen camino". La Señora
se detiene y dice: "Los diocesanos
y los religiosos". (Los
sacerdotes regulares pertenecen a órdenes
religiosas; los sacerdotes seculares son los que están
vinculados a una diócesis
bajo la autoridad de un obispo.) Parece como si Ella diera con un
puño sobre la mesa. Oigo un
golpe fuerte y la
veo decir que no con la cabeza. Entonces dice: "Entre los
diocesanos ¡aún hay tanta indiferencia que eliminar...! En
este
tiempo, que piensen
bien lo que están haciendo". Al principio no me atrevía a
repetirlo, pero La Señora me
miró muy enojada y
tuve entonces que decirlo.
Después parece como si La Señora agrupara dos filas de
personas. Veo hombres de
pie a su derecha y mujeres a su izquierda. Indica la fila de mujeres,
sintiendo mucha
lástima. Mueve la cabeza llena de compasión y dice, como
hablándoles a esas
mujeres: "¿Conocéis
todavía vuestra tarea? Escuchad bien: Como
sea la mujer, así será el hombre. Mujeres, dad
vosotras
el ejemplo. Volved a ser mujeres". Después mira la fila de
hombres y dice: "Para vosotros,
los hombres, tengo una pregunta: ¿Dónde están los
soldados de Cristo? No tengo más que deciros".
Entonces parece como si de esas dos filas La Señora hiciera una
sola. Ella las
une con un arco. Ahora veo
filas interminables de hombres y mujeres, unas junto a otras.
Después ese arco se vuelve una gran
cúpula
y por encima de la cúpula se forma una gran iglesia. En medio de
la iglesia
aparece la siguiente imagen: una Paloma blanca que va despidiendo rayos
de luz.
La Señora dice: "Que esos rayos
desciendan sobre los hombres. Les ayudaré, pero hay que trabajar
enseguida y
en serio".
Luego veo que ahí está el Papa, pero sólo el
busto. Está como por encima de
todo eso. Lleva una corona
especial, con piedras
preciosas engastadas. Mientras lo miro, oigo decir a La Señora:
"Una tiara". Entonces parece como si La Señora se dirigiera al
Papa,
diciéndole: "Vas en buena
dirección. Yo te ayudaré. Emplea aún
más tus medios modernos y persevera. A Roma le ha
llegado la
oportunidad. ¡Aprovéchala! Tendrás que superar
huracanes, pero serás asistido".
Entonces La Señora me dice:"
Ahora
continuemos. La situación de Francia es muy
grave". Veo Francia en toda su extensión y que en medio hay una
estatua
de Napoleón. Y
oigo: "Francia, te has
hundido militar, política y espiritualmente.
¿Dónde están tu orgullo y tu
gloria?" Entonces veo muchas manchas rojas sobre Francia. Oigo la
voz que dice: "Y sinembargo,
se necesita tan poco para hacerles volver en sí".
Después La Señora indica
diferentes países y dice: "Pero, ¿por
qué
no se unen?" Entonces veo Holanda, Francia, Bélgica e Inglaterra.
Después La Señora indica una línea gruesa en
Alemania y dice: "Europa está
dividida en dos". Agarro esa línea y la quito. Ahora veo una
mancha muy negra,
excepto en los
países de la costa. A esos los veo claramente. Luego
pasamos por encima de un
río. La Señora dice: "El río
Oder". No veo correr agua, sino que es de color rojo. "Está rojo
de
sangre", dice La Señora. Entonces veo ramas rojas que van hacia
el Oeste.
Entonces oigo decir: "Turquía,
¿estás
atenta de verdad?" Entonces veo los estrechos
del Bósforo y los Dardanelos